Mientras el alevoso exterminio de Netanyahu (y Trump) continúa día tras día con el asesinato de más y más palestinos, surgen, a cuentagotas, con actitud resiliente y desde los arrabales de un país en ruinas, crónicas cinematográficas como esta canónica recreación del origen de tanto horror.
Intentar seguir el rastro profesional de Miguel Ángel Jiménez (Madrid, 1979) a través de sus películas, arroja señales cuando menos confusas. ¿Qué se podría decir sobre la naturaleza de su identidad autoral a la vista de su irregular trayectoria? En 2018 estrenó «Y en cada lenteja un dios», un documental gastronómico, que el Festival de San Sebastián incorporó a su programa.
Como tantas veces acontece en un relato cinematográfico, en el propio filme se nos recuerda que la historia está basada en hechos que han sucedido. Se trata de un aviso ambiguo que nunca se acaba de entender por qué se hace ni qué grado de fidelidad sostendrá con respecto a su supuesto vínculo con lo real.








