Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: HAKO NO NAKA NO HITSUJI Dirección y guion: Hirokazu Koreeda Intérpretes:  Haruka Ayase, Daigo Yamamoto, Rimu Kuwaki, Nana Seino, Kan’ichiro Sato y Hinata Hiiragi País: Japón. 2026  Duración:  126 minutos

La IA en Neverland

No es la primera vez que Hirokazu Koreeda sale de la zona segura de su realismo post-Ozu con la que tanto fervor ha provocado. Al contrario, son varias las obras: «Maboroshi» (1997), «After Life» (1998), «Air Doll» (2009), «The Third Murder» (2017) y «Broker» (2022), entre otras, con las que ha cruzado los límites de lo real. Y es que Koreeda nunca ha dudado en mancharse, en el mejor de los sentidos, con incursiones en géneros como el fantástico, el thriller, la ciencia ficción o simplemente en lo inexplicable e inexplicado.

Como acontece cada vez que incursiona en terrenos menos «lógicos», buena parte del público y la crítica que tanto aplaude sus crónicas fraternas se siente víctima del desconcierto y se muestra refractaria. La incertidumbre provoca desasosiego y, aunque en el caso de Koreeda abundan títulos que se adentran en esa línea de sombra, «Kakeru» («Sheep in the Box») presenta la osadía de unir en un solo relato géneros e hilos argumentales que por sí mismos darían para tres títulos distintos.

Digamos para empezar que la traducción literal del título original «Sheep in the Box» (la oveja en la caja) sale de una cita de «El principito», libro vertebral e iniciático del aviador y aventurero francés Antoine de Saint-Exupéry. En su comercialización española, la distribuidora Vértigo Films ha optado por utilizar el nombre de su protagonista ausente, un niño de diez años fallecido, llamado Kakeru. En Japón, la palabra «kakeru», el que vuela, el que corre, se escoge como deseo de que el que recibe ese nombre posea un espíritu aventurero. Ese espíritu, aquí lo domina todo.

Recordemos también, según ha declarado el propio cineasta, que en su conceptualización de la película la figura de Ryue Nishizawa resulta un motivo de inspiración. De hecho, los padres de Kakeru se dedican a la arquitectura y la construcción y el concepto arquitectónico de Nishizawa, consistente en hacer dialogar conceptos diferentes como la madera y el cristal, simboliza la naturaleza de «Kakeru».

La tercera urdimbre hace referencia a la interpelación, a la convivencia entre la IA y la humanidad. Dónde estribará el límite y la diferencia entre un robot y un ser humano es algo consustancial que en el cine japonés ha alumbrado obras ya clásicas como «Ghost in the Shell». Koreeda tuvo noticia de cómo, en el Japón actual, algunas empresas se dedican a «devolver a la vida» a personas muertas mediante la inteligencia artificial. Es decir, a crear simulacros como los que, ahí sí desde el costumbrismo, daban sentido al primer largo de Fernando León de Aranoa, «Familia».

De ahí parte «Sheep in the Box», de la desolación de un matrimonio que permanece fundido en un duelo sin paz. Su hijo ha fallecido hace dos años en circunstancias que Koreeda nos oculta para ir desvelando conforme avanza el filme. La madre, atraída por la posibilidad de mitigar su pérdida con una réplica robótica de su propio hijo, decide encargar un nuevo «Kakeru», ante el escepticismo del padre. El filme avanza como un proceso dialéctico, con la confrontación de personajes antagónicos y en un ying y yang procesual que, al menos, como ya se ha adelantado, podría alumbrar tres relatos diferentes.

El primero se abraza al escalofrío de la superación de la muerte, al deseo prometeico de prolongar la vida y los recuerdos. En él hay algo de terror, aunque lo tenebroso permanece, de manera latente, en todo el relato. El segundo apunta a una trama criminal, a un presunto psicópata asesino de niños. La tercera deriva da vuelta a la amenaza de «Terminator» al plantear que, tal vez, la revolución de los robots no busque eliminar a la humanidad sino escapar de su lado.

Se diría que Koreeda abre una caja llena de ideas que desbordan su película. Hay más fuego que tiempo y más confusión que acierto. La presencia al frente de la banda sonora de Yuta Bandoh, el músico de películas como «Belle» (2021) de Mamoru Hosoda y «Poupelle de Ciudad Chimenea» (2020) de Yûsuke Hirota, o sea, de cine de anime, nos sugiere que probablemente lo que «Kakeru» alberga podría ser sublimado a través del dibujo y en una serie de capítulos que reclaman más tiempo. Pero tiempo suficiente es lo que aquí no hay y sus poco más de dos horas se ofuscan y, peor todavía, se alargan en lo que termina siendo una reedición mestiza de los niños/robots perdidos en el País de Nunca Jamás. Sin embargo, «Kakeru» tiene al mando a un cineasta que jamás hace filmes malos, en todo caso, fallidos, pero de matices fecundos.

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