Nuestra puntuación
3.0 out of 5.0 stars

Título Original: THE INVITE Dirección: Olivia Wilde Guion: Rashida Jones y Will McCormack a partir de la obra de Cesc Gay Intérpretes:  Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz, Edward Norton País: EE.UU. 2026 Duración: 108 minutos

Buena vecindad

«La invitación» crece a partir de una variación ya llevada al cine en otras ocasiones, de la obra «Sentimental» de Cesc Gay, un notable dramaturgo y director catalán diestro en pulsar esos leves detalles íntimos que conmueven al espectador. Dirigida y coprotagonizada por Olivia Wilde, una personalidad brillante en el cine estadounidense de hoy, Wilde se rodea de tres pesos pesados: Seth Rogen, Edward Norton y Penélope Cruz. La presencia de Cruz nos recuerda que la semilla germinal de «La invitación» posee un ADN español, por más que los guionistas americanos que han adaptado la pieza de Cesc Gay hayan tratado de borrarlo en su mayor parte.

Dada la proximidad temporal con «Sentimental» (2020), cuya campaña de promoción se hizo con una mascarilla negra en los meses de nuestra peste menor del siglo XXI, resulta muy difícil contemplar «La invitación» sin que el hacer de Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan nos asalten en todo momento. Sin los ecos reverberantes de la versión de Cesc Gay, probablemente la percepción de la adaptación de Olivia Wilde adquiera otros tonos. En ese caso, resulta muy aleccionador confrontar el trabajo de Edward Norton con respecto al de Alberto San Juan, por escoger uno de esos cuatro elementos, para subrayar la distancia entre el naturalismo yanqui heredero del Actors Studio y ese realismo español siempre con inclinaciones por el subrayado grotesco, el costumbrismo y la picaresca.

La principal diferencia descansa en la subtrama, en el gesto, en el humor. Wilde solemniza más, sobrecarga con una banda sonora excesiva el mismo pulso, un duelo a ocho manos, un ritual por el que una pareja en crisis recibe una descarga vital a través de la visita de unos vecinos casi desconocidos. Ellos proyectan un espejo invertido de lo que alguna vez fueron, de lo que, tal vez hoy, han perdido. El verbo se constituye en el fundamento de la película, pura esencia retórica que avanza sobre quiebros y requiebros. Esa dramaturgia siempre determinante en el universo de Cesc Gay, la reconduce Olivia Wilde a su propio imaginario. Y así, con traslaciones casi literales de lo que «Sentimental» fue, se descubre en «La invitación» una versión casi idéntica en su estructura, pero intrínsecamente estadounidense en los detalles decisivos.

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