Nuestra puntuación
2.0 out of 5.0 stars

Título Original: LA MALETA Dirección: Carlos Therón Guion: Sara Antuña y Carlos de Pando a partir de la idea de Diego San José Intérpretes: cine documental con aportaciones anónimas País: España. 2026  Duración:  107 minutos

Delirio total

Tal vez Diego San José, el reconocido guionista español, llegó a pensar en «La fiera de mi niña» (1938) de Howard Hawks o en «Algo salvaje» (1986) de Jonathan Demme, o sea en la screwball comedy norteamericana, cuando esbozó la idea de la que ha nacido «La maleta». Desde luego Carlos Therón, su director, ha dibujado a sus dos principales protagonistas, Laura (Lucía Caraballo) y Nacho (Alejandro Speitzer) con moldes inspirados en las imborrables caracterizaciones que dieron fama a Katharine Hepburn y Cary Grant. La primera como una mujer desinhibida, emocional y liante; el segundo, como un hombre ortodoxo, racional y apocado que se ve arrastrado por un torbellino sentimental que sacará de él, el guerrero dormido. ¿Arquetipos añejos para tiempos nuevos?

Una cosa es el modelo de partida y otra el descalabro de llegada y, aunque Therón no escatima quiebros argumentales ni minutos (innecesarios) para desarrollar su argumento, queda claro que Lucía Caraballo y Alejandro Speitzer forman un binomio que está a años luz del hacer, ser y conmover del de Hepburn-Grant.

Además la cosa se complica, es decir, empeora, cuando los guionistas, Sara Antuña y Carlos de Pando, insisten en fundir dos géneros tan antagónicos como lo son la comedia romántica y el cine de acción sobre el terrorismo. Combinar diálogos de Pimpinela con atentados y muertes provocados por el fundamentalismo ideológico musulmán, ya chirría sobre el papel. Y aunque el papel todo lo sostiene, la pantalla y la proyección de su luz, desnuda y amplifica lo que nace como fruto del despropósito.

«La maleta», cuyos cosidos internos no son tan malos, encalla desde el mismo comienzo por ese empeño imposible de armonizar lo que, entre sí, solo provoca disonancias sin armonía, antagonismos sin sentido. Tampoco ayuda la escasa química que Lucía Caraballo y Alejandro Speitzer ponen en juego ni la poca convicción con la que se dibuja todo un entramado criminal que mezcla policías municipales con terroristas de babuchas y Corán en maleta, junto a material explosivo. Eso que tanto excitaba a Pedro J. Ramírez, tramas de «Mortadelo y Filemón», aquí se resuelve con policías sacados de la T.I.A. y enamorados sin ton ni son.

Qué gran película podría haber sido «La maleta» si al menos hubiera tenido un buen guión, un buen director o un buen reparto. Nada de eso hay, salvo la ocurrencia de traer al presente el imperecedero recuerdo de la madre de todos los humores, el espíritu de Hawks, Wilder, Lubitsch y todos aquellos que ni pueden volver, ni encontrarían hoy el público necesario.

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