a versión de “Sin novedad en el frente” de Lewis Milestone, la de 1930, fue censurada por el régimen nazi. Su contenido antimilitarista la convertía en alegato contra la guerra en un tiempo en el que Europa se preparaba para matarse.
Con cada nueva entrega se abre más y más la brecha que separa el público iniciado con el proyecto Marvel-Disney de quienes se han ido alejando de él o, simplemente, no lo soportaban. De momento, los primeros hacen buena caja y evidencian una fidelidad extrema. Basta con ver cómo, al final de cada nueva entrega, las salas que suelen quedar vacías en cuanto aparecen los créditos, permanecen con el 80% de quienes han entrado, expectantes ante lo que no es sino un guiño sobre lo que vendrá en las siguientes aventuras.
Desde el primer segundo, preludiado por las informaciones que se nos han ido dando, las simpatías están con esta película que, pese a la humildad de su producción, ha sido nominada para el Óscar. Sarah Polley, bien conocida por su hacer como actriz con Isabel Coixet, Atom Egoyan, David Cronenberg, Michael Winterbottom y Terry Gilliam, o por su trabajo como directora: «Lejos de ella», (2006), se sirve de la obra de Miriam Toews, una fábula anacrónica que acontece en 2010.
Si todo el mundo ha sido prevenido de que los Fabelman narra la infancia y la adolescencia de Steven Spielberg, su descubrimiento del cine y la vida y su despertar a la evanescencia de la verdad, a la utilidad de la mentira; la pregunta inevitable apunta al hecho de interrogarse por qué Spielberg no titula el filme con el nombre de la familia.
Fiel a sí mismo, M. Night Shyamalan no ha modificado ni una coma del libro de estilo que dio a conocer con “El sexto sentido”. “Llaman a la puerta”, su reescritura de la novela de Paul Tremblay, un escritor de terror de creciente predicamento en la actualidad, le sirve a Shyamalan para ratificarse en esas constantes que hacen de su universo una revisión inquietante, aunque menos perversa, del cine de Alfred Hitchcock.
Los primeros pasos de Darren Aronofsky. sonaron alto pero eran oscuros. Sin un duro, rodada en blanco y negro, “Pi: El orden del caos” (1998), la fábula de un matemático paranoide convencido de que todo en la naturaleza puede ser representado a través del número, fue para este neoyorquino lo que “Cabeza borradora” para David Lynch.
En un fugaz pantallazo de móvil, Todd Field nos avisa, a través de Lydia Tár (Cate Blanchett), que la imagen pertenece a la habitación del hotel donde se hospeda Plácido Domingo. Nunca se volverá a citar al tenor español acusado de depredador sexual; pero la mención es suficiente para percibir que Lydia Tár ha sido gestada con la misma esencia.




