Todo comienza al estilo de la fiesta del octogésimo cumpleaños de Donald Trump. Con golpes de sangre y algarabía; sobre un ring. En el caso de la trigésimaquinta película de Steven Spielberg, la víctima no se llama Ilia Topuria, ni el combate acontece en la Casa Blanca.
Parece obligado decir que «Bugonia» tuvo su origen en el filme coreano de 2003,
«Save the Green Planet». Pero esa semilla germinal asiática poco cambia y nada influye en la prevalencia del universo de Yorgos Lanthimos, un cineasta que, como todos los directores que atraviesan el filo del exceso, debe enfrentarse a amores y odios irreconciliables.
Bong Joon-ho ha resuelto su reto bajo pabellón americano tras «Parásitos» (2019) engendrando un filme que lleva su ADN inscrito en el pixel. Al contrario que otros profesionales deslumbrados por Hollywood, el coreano, autor de obras como «The Host» (2006) y «Memories of murder» (2003), ni ha traicionado a su público, ni se traiciona.


