Desde su fallecimiento, el 21 de noviembre de 2007, la imagen de Fernando Fernán Gómez, lejos de caer en el olvido, se ha agigantado. Hoy es carne de leyenda y sus compañeros, los que alguna vez coincidieron con él en algún trabajo, no cesan de invocarlo e incluso de imitarlo en cuanto se presenta la ocasión.
El caso de Rodrigo Cortés merece una atención especial. Especial es que, siendo todavía un adolescente, mientras el resto de la clase memorizaba las alineaciones de los equipos de fútbol, él filmaba sus dos primeros cortometrajes titulados “El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca” y “Siete escenas de la vida de un insecto”, éste último bajo el influjo de Kafka.









