Si como se nos dice en la película, “Sama” significa cielo, el título en castellano de este filme sería “para el cielo”; un trampantojo de ruinas, un espejismo de dos caras. Doble cara porque ese cielo al que se refiere se presenta bajo un ambiguo valor alegórico.

Hijo de Bertrand Tavernier, Nils Tavernier estaba predestinado para dedicarse al cine desde el mismo día de su nacimiento, el 1 de septiembre de 1965. Poco antes de ser concebido, su padre, el joven Bertrand Tavernier, había cumplido 24 años cuando tuvo a su primogénito, acababa de pasar su prueba de fuego.

Se han cumplido 25 años del estreno de “Sentido y sensibilidad”. Aquel filme de Ang Lee, supuso un enorme éxito de taquilla y la entrada a Hollywood por la puerta grande del notable cineasta taiwanés. Hasta ese momento Lee se había movido en los humildes arrabales del cine llamado independiente.

Evidentemente cuando se filmó “She dies tomorrow”, nada se sabía del tiempo del coronavirus y tan solo inteligencias ilustres como Bill Gates se atrevían a anticipar que el apocalipsis no vendría cabalgando a bordo de misiles atómicos, sino a través del invisible e imprevisible camino del aerosol.

Hasta su estreno, sin demasiados fuegos de artificio por parte de Netflix, “Gambito de Dama” ha recorrido un camino complicado. Lo que ahora se puede ver en la plataforma televisiva no lo ha tenido fácil para llegar a traspasar del papel donde nació, se editó como novela en 1983,  al formato audiovisual; en este caso una miniserie de siete capítulos.

A lo largo de “Dolor y gloria”, último largometraje de Pedro Almodóvar, se menciona a Jean Cocteau. Se trata de una leve pero no inocente cita que pretende sugerir que ambos, Cocteau y Almodóvar, ocupan un lugar de honor -también citaban a Chejov y a Shakespeare- en el Olimpo del Arte. Si lo de Cocteau sería discutible, lo de Almodóvar da risa.

Vitalina Varela, además del nombre de su protagonista, supone un ejercicio de trenzado entre lo real y lo recreado, una película de fronteras turbias y densas esencias. Representa la sublimación del cine de Pedro Costa; un cineasta que hace películas “de otra manera” y que, en este caso, ha conseguido convertir el cine en planos estáticos. Es su “manera” de reescribir las leyes del lenguaje audiovisual, su rechazo a un modelo canónico que tanto intoxica los productos comerciales.

Titulada igual que el quinto filme de Kieslowski dedicado al “decálogo” de la tabla de la ley mosaica, “No matarás”; nada habría tan diferente entre sí como estos dos filmes que responden al mismo título. El que ahora nos ocupa, el que rinde culto a Mario Casas: con su nuca empieza todo, con su rostro empapado en lágrimas todo acaba; se debe a una exhibición formal de ritmo y violencia.