En el tiempo en el que transcurre el relato de “Martin Eden” habitan muchos tiempos. De hecho entre unas ambientaciones y otras cabría apuntar que hay casi un siglo de distancia.
Convertida en la película del momento; portada de los medios especializados en el cine concebido como lenguaje artístico, y no como telón de fondo de comedores de pienso, “Mank”, producto Netflix que solo algunos cines exhiben en una batalla que acabará en armisticio o en la desaparición de uno de los contendientes, salas versus plataformas; ofrece un amplio caudal de méritos para ser degustada, lo que también incluye no estar necesariamente de acuerdo con todo.
“Baby” se estrena en el final del 2020, en el tiempo de los confinamientos. Pero todo en “Baby” se sabe y bebe de otro tiempo. Huele a pachulí y marihuana, y su tacto roza épicas sinfónicas y terciopelo azul. La gramática del director vitoriano proviene de los años 80, cuando Bajo Ulloa (1967) empezó a cincelar su propio discurso.
En 1985, James Ivory, un director británico de modales exquisitos y películas sutiles, estrenó una de sus películas más aclamadas: “Una habitación con vistas”. Con un reparto impresionante, aquella fábula rodada en una Florencia convocada por E. M. Forster, el autor de la novela original, lograba una pequeña joya del cine romántico.
Christian Petzold, uno de los pesos pesados del cine alemán contemporáneo, practica un cine personal, arriesgado, excéntrico y radical. Eso significa que sus películas, para bien o para mal, siempre se abisman. Eso es así porque Petzold se deja la piel con ellas, aunque ellas pueden serle erráticas, excesivas e incluso fallidas.






