Pertrechada en esa línea de sombra donde lo real se mezcla con la ficción, “¿Qué hicimos mal?” aparece como consecuencia de ciertas prácticas artísticas surgidas en torno al denominado cine de no ficción.
Ópera prima de Kim Yong-hoon, “Nido de víboras” crece sobre los mejores precedentes de una de las cinematografías más en forma de los últimos años, la de Corea del Sur. Con esa lección bien aprendida, Kim Yong-hoon construye su nido a partir del camino abierto por cineastas como Park Chan-wook y Bong Joon-ho.
“La casa Gucci” nació, al parecer, gracias al olfato de la esposa de Ridley Scott quien, tras tener noticias del libro de Sara Gay Forden, entendió que allí había materia para una película importante. Así que, para garantizar su importancia, Ridley Scott puso todo su empeño para enrolar a un reparto impresionante.
El caso de Rodrigo Cortés merece una atención especial. Especial es que, siendo todavía un adolescente, mientras el resto de la clase memorizaba las alineaciones de los equipos de fútbol, él filmaba sus dos primeros cortometrajes titulados “El descomedido y espantoso caso del victimario de Salamanca” y “Siete escenas de la vida de un insecto”, éste último bajo el influjo de Kafka.
Daniel Brühl, como Javier Bardem o Gael García Bernal, se ha convertido en uno de esos actores emblemáticos de su país de origen al que siempre que se proyecta una superproducción con un reparto coral tipo UNESCO, se les incluye en el reparto. Inevitablemente se cuenta con el(los) para sostener esos desvaríos con sed de globalidad y avidez de ingresos multimillonarios.
Desde los años 60 y 70, los buenos cineastas, gentes que entendían y entienden el cine como un arte al que respetar, y perciben el público como una suma de personas con criterio propio con conocimiento y con sensibilidad, denunciaron el efecto nocivo que las pantallas domésticas traían con su implantación en todos los hogares.
Convertido en la revelación del momento, el cineasta japonés Ryûsuke Hamaguchi ha emergido en el año más difícil de cuantos llevamos en el siglo XXI a lomos de la fuerza del verbo. Su cine se llena de palabras y con ellas, desde ellas, Hamaguchi extrae emociones y teje relatos deslumbrantes, brillantes, rotundos.




