Antes, mucho antes de que la amenaza de la IA provocara huelgas de guionistas, actores y directores en Hollywood, los ejecutivos de los grandes estudios, no hablemos de los guardianes de Netflix, ya se habían cargado cualquier síntoma de originalidad, singularidad y mirada propia.
A pesar de la llamada «paradoja nórdica», esa situación paradójica en donde conviven los más altos niveles de igualdad con alarmantes altas tasas de violencia de género contra las mujeres, es innegable que en Escandinavia se están imponiendo los prototipos convivenciales que imperarán en nuestro futuro inmediato
Me reconozco un «Sangsooalcoholic». Sus primeros títulos, allá por los 90 me parecieron buenos. Estos, los de los últimos 5 años, los encuentro, incluso, mejores. No busco salir de su influjo, no necesito escapar de su embrujo; esta adición no me destruye, aunque, como el filme que ahora nos ocupa, termine por dejar una desasosegante sensación de patético fracaso.
Goya el mejor cortometraje del año de la pandemia, 2021, «A la cara» ha crecido como largometraje con los mismos protagonistas. Javier Marco y Belén Sánchez Arévalo, director y coguionistas, han vuelto a contar con Manolo Solo y Sonia Almarcha para expandir lo que en apenas quince minutos se mostró como un inteligente relato sobre los acosos en la red y sus consecuencias.
Entre el miedo y la belleza, entre la incertidumbre y el descubrimiento, avanza rotunda, solemne y hermosa una de esas películas que no admiten titubeos. Entre una representación de la llaga de Cristo que, a su vez, evoca el sexo femenino, y las voces seráficas de un coro de jóvenes adolescentes, se despliega la crónica de un despertar, ese tránsito que va de la infancia a la madurez, de sentir como una niña a desear como mujer.






