Se equivoca la (ultra)derecha mediática, hecha de tertulianos sin rumbo y polemistas sin con(s)ciencia, al boicotear a La reina de España. Se equivoca por confundir lo que dice el Fernando Trueba personaje, con lo que hace el director. Meten la pata por juzgar sin ver. Por prohibir sin percibir. La cosa viene de antiguo, de tiempos de inquisición y censura. Pero quienes, justo por lo contrario, acudan como feligreses devotos en desagravio y defensa a ver la película, también pisarán en falso, también errarán sin remedio.
El ciudadano ilustre representará a Argentina en la carrera del Oscar. Pero, independientemente de lo que acontezca, El ciudadano ilustre ya merece un lugar especial en la historia de la cinematografía argentina y mundial. Sus intersticios de filos rugosos, duelen; su incorrección política, abonada por un discurso desconcertante, provoca. Golpea como un puñetazo de Sorrentino filtrado por la extraña poética de David Lynch y barnizado por la parsimonia distante de Kaurismaki, aunque carente de su humanismo.
El Doctor Strange apareció dentro de la escudería Marvel en los primeros años 60. Su peculiaridad reside en que sus poderes emanan de las fuerzas místicas, de la magia. Personaje vertebral en la galería de superhéroes marvelianos, su biografía en estos cincuenta años de existencia, ha pasado por diferentes fases aunque nunca fue tan popular como los archiconocidos Iron Man, Spiderman y Capitán América.
Como en El cartero siempre llama dos veces, dos veces le ha ocurrido a Stephen Frears lo mismo. En 1988 filmó Las amistades peligrosas, una pieza emblemática de su tiempo. Pocos meses después, Milos Forman presentaba Valmont. Ambas contaban lo mismo, solo que de manera muy diferente. Ambas habían sido inspiradas por el texto de Choderlos de Laclos.
Pronto cumplirá 81 años. Ha filmado casi medio centenar de películas, todas ellas dirigidas y escritas por él. Así mismo, muchas de ellas, hasta que cumplió los 70, han sido protagonizadas por él y él aparece proyectado en las situaciones, personajes, emociones, ideas y opiniones que (re)crea a partir de sí mismo.
Han pasado 32 años de aquel Cazafantasmas de Ivan Reitman donde Harold Ramis, Ernie Hudson, Bill Murray y Dan Aykroyd se convirtieron en emblema y fenómeno de masas del cine de evasión y fantasía. Canadiense de origen eslovaco, Reitman comenzó trabajando junto al David Cronenberg más sórdido y voraz a quien le produjo Vinieron de dentro (1974) y Rabia (1977). Luego cultivó su lado más gamberro y le toco la lotería cuando Las incorregibles albóndigas y El pelotón chiflado fueron fuente de oro y risas.
De manera más o menos evidente, a las mascotas se les atribuyen virtudes para alejar desgracias y/o (a)traer buena suerte. Y estas Mascotas han llegado en el verano de 2016 con mucho más que buenaventura bajo el brazo. Por lo pronto, a la vista de los consecutivos hundimientos de la programada cultura mainstream para el verano de 2016, digamos que Mascotas es la excepción y ofrece la mejor garantía de propiciar un buen rato tanto a la chavalería como a quienes entienden que un filme de animación también puede ser cine mayúsculo.
Frente a la creencia sostenida de que la calidad media de las series de televisión en estos momentos roza la excelencia, películas como Ahora me ves 2, son la prueba evidente de que la calidad media de las películas que se producen desde Hollywood aporta, en la segunda década del siglo XXI, menos riesgo, originalidad y oficio que cualquier capítulo de una mala serie de relleno de los años 70.
Con motivo del estreno de Malditos vecinos se percibía, en medio de tanta ordinaria estulticia, la inquietud de no terminar de comprender cómo los mismos que se incomodan ante los delirios excesivos de Borat aplauden sin medida las tonterías de Nicholas Stoller repletas de chistes malos y ofensivos.


