En Wilson concurren demasiadas excentricidades para ser definida como una comedia típica. Parafraseando a Borges cuando escribía que el sueño es el género; la pesadilla, la especie, cabría decir que Wilson es una comedia raruna, pero de la especie del puro delirio que muerde y destroza lo real.

Hace casi veinte años, un Fatih Akin a medio camino entre la insolencia y el desconcierto presentó su primer largometraje, Corto y con filo. Representaba con su pasaporte alemán y su AFN turco, la eclosión de una nueva generación de hijos de emigrantes.

Han pasado más de 35 años de La noche de San Lorenzo y 40 de Padre padrone. En esas cuatro décadas ha cambiado el mundo. En aquel tiempo los hermanos Taviani equilibraban plenitud con serenidad, lucidez con energía, compromiso con esperanza. Por ejemplo, La noche de San Lorenzo, para quien no la haya visto, era un ajuste de cuentas, una crónica alegórica llena de dramatismo y poesía sobre el fascismo italiano y sobre la retirada nazi de Italia.

A golpe de coreografía musical, homenaje, préstamo y saqueo del cine de Hollywood de los agitados años 30, con un argumento lleno de recovecos y requiebros, con humor y tensión, y con un contenido que parece ju(z)gar a diferentes bandas, El bebé jefazo mezcla tonalidades, ideas y referencias que rechinan entre sí, que se repelen e incluso que se anulan, pero que en manos de Tom McGrath consiguen aparentar una solidez insólita ante la disparidad de sus ingredientes constitutivos.

Pedirle a Álex de la Iglesia un cine de equilibrio y cálculo, de serenidad y estrategia, es reclamar lo imposible, Ese cine no sería suyo. Al director de El día de la bestia y de Acción mutante lo que hay que demandarle, lo único que resulta pertinente esperar de él si de verdad interesa su universo interior, es coherencia, desvergüenza para ir hasta el final de sus planteamientos y fuerza para no desmoronarse ante el enorme castillo de naipes que representa cada uno de sus nuevos proyectos.

Cuando los créditos rubrican lo que hemos visto, se nos dice que psiquiátricos como éste en donde reinan las dos protagonistas del filme de Paolo Virzi, se están cerrando en Italia. De ese modo se nos subraya el compromiso, la coartada social de Locas de alegría. Sin embargo no le hace falta. De hecho, durante sus casi dos horas, nada de lo real parece proyectarse en el interior de esta comedia intensa y melodramática.

John Krasinski, actor y director de Los Hollar, debutó hace ahora nueve años con un filme de aires modernos y título llamativo, Brief Interviews with Hideous Men (2008). Escrito y dirigido por él mismo, aquello -inédito entre nosotros- evidenció que este actor nacido en Massachusetts hace 38 años y reconocido mundialmente por encarnar a Jim Halpert en la serie de la NBC, The Office, no estaba dispuesto a conformarse solo con la interpretación.

La boda como texto y pretexto se ha impuesto como materia nutriente de buena parte de las comedias de la contemporaneidad. Un subgénero lleno de referentes al que Carlos Therón aborda desde la tradición del cine español atendido éste como carne de comedia hiperbólica de mueca gruesa y butifarra fina. Es por tu bien se abre y se cierra con una boda. En realidad casi todos los participantes son los mismos.

Su paseo triunfal por festivales como Cannes, San Sebastián, Toronto, Sevilla,… hacen de Toni Erdmann una de las revelaciones del año. Es de temer que le acompañan demasiados aplausos, lo que puede distorsionar la verdadera naturaleza de un filme incómodo y cortante.
No es cine fácil y exige del público un esfuerzo añadido.

La cabra tira al monte y al cine español, en cuanto se le deja, le sale el esperpento y le puede la sal gruesa. En esos casos todo se conduce bajo el influjo de una hambruna de risa, una orfandad de divertimento. En cuanto se rebajan las pretensiones de aparentar calidad artística, al cine español le come la angustia de tener que conjurar el horror cotidiano con la sonrisa. Lo malo es que, casi siempre, le nubla un exceso de caspa.