Julie Bertucelli pisa con insolencia un territorio en el que hay muchas posibilidades de resbalar. Sin complejos ni precauciones, “La última locura de Claire Darling” hace honor a su nombre. Es decir, la película se abisma locamente. Se precipita en la nada tras una reflexión amarga, revestida con esa insensatez que corroe toda obra que asume la inevitabilidad de la muerte como si el mundo ignorase la fugacidad de la existencia.
Lo dijimos en su desembarco en el pasado SSIFF. En el ADN de Louis Garrel va grabado a fuego la fiebre por la profesión. Hijo de director y actriz, nieto de ilustres profesionales del cine, casado con una de las actrices protagonistas de este filme, Laetitia Casta, este actor, director y guionista se desayuna con cine, con cine se acuesta y con él se levanta.
Sin duda, el título evocará en el buen aficionado la histórica película de Jack Arnold, “The Incredible Shrinking Man” (1957) obra que, a su vez, iluminó parte del hacer de Almodóvar en “Hable con ella”. El cine -la cultura- tiene esas cosas, entremezcla ecos que aparentemente nunca hubiéramos imaginado juntos y crea extrañas sinfonías.
Assayas está escribiendo una de las páginas más personal e intensa del cine francés contemporáneo. Más que heredero se diría que, en algún modo, estamos ante el último mohicano de la “nouvelle vague”. Acaba de cumplir 64 años, es decir, nació en el tiempo en el que, desde Cahiers du Cinéma, se pergeñaba la fundación de la nueva ola.
El costumbrismo, por mas que se deje conducir por la autocomplacencia y la sal gruesa; por encima o por debajo del acierto de su piel, siempre arroja indicios importantes sobre la temperatura social del paisa(na)je que representa. En los años 50 y comienzos de los 60, Azcona, Berlanga, Bardem y compañía, dibujaban hombres y mujeres ridículos; un pelotón de náufragos y supervivientes en una sociedad de zapatos rotos y peluquería de barrio.






