Los restos de Nureyev descansan desde el 13 de enero de 1993 en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois en Francia. Se trata de un gesto de ratificación identitaria, dado que Moscú y París, Francia y la URSS fueron los territorios decisivos donde transcurrió la existencia de quien está considerado como uno de los mejores bailarines clásicos del mundo.
Por las venas del bailarín moscovita corría la misma sangre repleta de glóbulos divinos que atravesaba a luminarias como María Callas o artistas como Pablo Picasso.

Diez años y más de veinte largometrajes después, la máquina de alta precisión e infinitas ganancias de la Marvel desemboca en su sublimación, en la apoteosis, en la madre de todas las batallas y el cambio de paradigma.
Como subraya su título, “Endgame”, estamos ante un final de ciclo, una clausura de era cuyos detalles deben ser silenciados con precaución porque, en los últimos tiempos, se ha desatado una infantil obsesión enfermiza contra los llamados spoilers.

Ante propuestas como “Leto” surge la decepción de percibir que, pese a su calidad, brillantez y rigor, el público le hará muy poco caso. De hecho, llevaba meses esperando ser estrenada. Tan poco confían en ella que ni siquiera se han molestado en doblarla al castellano. Tanto mejor. Así los pocos que decidan verla podrán disfrutarla en versión original, en ese ruso armónico y áspero, del que aprenderemos que “Leto” significa verano.

Si se desmenuzan los créditos del filme, le será dada a la persona curiosa y paciente entresacar un detalle relevante con el que se ilumina lo que “Gloria Bell” pretende y ha pretendido. Hablamos de la presencia en la producción de Pablo Larraín. El director chileno de Tony Manero (2008); Post Mortem (2010); No (2012); El Club (2015); Neruda (2016) y Jackie (2016) ha construido una filmografía nada convencional, atravesada por cierta angustia y con un posicionamiento distante que condena al público al extrañamiento.

En “Dogville”, Lars von Trier, siempre tan lúcido, siempre tan perverso, colocaba al espectador en una situación incómoda al apropiarse del artificio del lenguaje teatral. En su corte de mangas al verosímil cinematográfico, en su ruptura con respecto a la servidumbre al realismo fotográfico, la escenografía mostraba estructuras sin paredes.

La primera noticia que tuvimos de María Alché fue encarnando el personaje de Amelia en “La niña santa” de Lucrecia Martel. Tenía 20 años, ella era la niña Amalia y ni siquiera sabía que estaba en el comienzo de una carrera profesional. Desde entonces, María Alché ha intervenido en casi una decena de largometrajes y varios cortos.

“La profesora de parvulario” tiene un precedente israelí. Estamos ante un remake habitual en el cine americano que compra derechos de películas extranjeras para revenderlas tras una operación de lifting siempre de valor discutible. De “Abre tus ojos” de Amenábar, convertida en “Vanilla sky”, a “Déjame entrar”, por citar dos ejemplos, hay decenas de remakes a los que, para eso tienen el poder, la industria de Hollywood se encarga de borrar el modelo de partida para que se imponga su propio discurso.

Desde el primer instante, el arte parece ser el tema, el núcleo duro de un filme que ambiciona mucho y que por mucho abarcar termina por quedarse con muy poca sustancia. Hay directores que aciertan tanto y de manera tan contundente con una película, que ese logro termina por arruinar sus trayectorias.

El principal escollo que ancla la voluntad de vuelo de “Identidad borrada” merece ser respetado. Reconstruida con los mimbres de un hecho real -al final veremos las imágenes de los verdaderos protagonistas-, la capacidad de fabulación de este filme escrito y dirigido por Joel Edgerton, tiene las manos atadas. Por si fuera poco, la repercusión del tema, no se presta a excesos ni distorsiones.

Se asegura que en los años 40, el capitán Marvel, nombre primigenio de Shazam, fue más popular que el propio Superman. De hecho, la DC denunció a la Fawcett Comics, la cuna natal del personaje, por presunto plagio. Lo curioso es que la vida da muchas vueltas, y el viejo capitán Marvel, nacido en 1939, pasó a las filas de la DC y hoy es una de sus mejores bazas frente a la Marvel.