Los restos de Nureyev descansan desde el 13 de enero de 1993 en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois en Francia. Se trata de un gesto de ratificación identitaria, dado que Moscú y París, Francia y la URSS fueron los territorios decisivos donde transcurrió la existencia de quien está considerado como uno de los mejores bailarines clásicos del mundo.
Por las venas del bailarín moscovita corría la misma sangre repleta de glóbulos divinos que atravesaba a luminarias como María Callas o artistas como Pablo Picasso.









