La película fundacional del cine USA fue El nacimiento de una nación (1915). Llevamos pues cien años en los que Hollywood nos repite, de vez en cuando, la misma historia. Un relato que, filme a filme, aporta nuevos datos para hacernos entender que pasamos por la vida deslumbrados por el engaño. Creemos saber la verdad cuando desconocemos casi todo. Así, entre las muchas virtudes de Los hombres libres de Jones destaca la de su capacidad para penetrar allí donde otros cineastas, con más nombre y con más dinero, no supieron hacerlo.

Hay muchas películas en ésta, hay muchos tiempos narrativos, hay mucha imprecisión y, entre tanto mucho, todos se olvidan de que habitaba una hermosa historia dentro. Lo que Koldo Serra no ha tenido es un buen guión. Tampoco, a la vista de su contenido, parecería que la mirada de Serra hacía de él la persona idónea para este fresco histórico. En él se muestra, como telón de fondo, el bombardeo de Gernika. Franco dio la orden, los nazis de la legión Cóndor echaron las bombas, los habitantes de un pueblo en cuyo núcleo fundacional se alza un símbolo, fueron las víctimas escogidas de lo que sería la norma de las nuevas guerras del futuro.

Si atendemos a su ideología y a su actitud profesional, se puede establecer una línea de férrea afinidad entre el neoyorquino Mel Gibson y el californiano Clint Eastwood. Ambos son actores y directores. Ambos declaran ser extremada y apasionadamente conservadores. Y ambos, de vez en cuando, hacen declaraciones altisonantes y defienden planteamientos políticos tan discutibles como incómodos.

Desde el primer segundo, La espera no deja lugar a la duda. Con ella Piero Messina debuta como director con instinto de narrador de pura sangre, con la insolencia de quien se sabe nacido para deslumbrar. Para ello conduce su filme por los meandros del formalismo y la geometría. No oculta que su cine busca bañarse en la excelencia.

La figura de Ramón Mercader, el asesino de León Trotski, despierta tanta curiosidad como desconcierto. Es la suya, una historia que transciende el hecho del asesinato y va mucho más allá de la talla de sus protagonistas. Estamos ante un hecho que emerge como el símbolo de toda una época. Se podría decir que su realidad se impone como un negro acertijo en cuyas entrañas se inscribe la naturaleza de lo que fue la parte nuclear del siglo XX.

Pronto cumplirá 81 años. Ha filmado casi medio centenar de películas, todas ellas dirigidas y escritas por él. Así mismo, muchas de ellas, hasta que cumplió los 70, han sido protagonizadas por él y él aparece proyectado en las situaciones, personajes, emociones, ideas y opiniones que (re)crea a partir de sí mismo.

Criminal aparenta seguir los pasos de la saga Bourne. A ella parece encomendarse Ariel Vromen, un cineasta de origen israelí aunque ya afincado en EE.UU., que ahora dirige esta película de bandera británica. Pero en realidad, el argumento, lo que sus guionistas habían labrado en el interior de esta película era y sigue siendo algo muy diferente.

Si algo no se le puede achacar a Mar Targarona, directora de Secuestro, y a su guionista, Oriol Paulo, es falta de entusiasmo. En Secuestro se han puesto tantas ganas, tantas ideas, tantas referencias y tantos medios para hacer de él, un filme redondo, que su mayor debilidad reside en esa acumulación desordenada de ideas y subrayados.

Con importantes modificaciones argumentales con respecto a la versión que en 1977 dirigió Don Chaffey, este Peter y el dragón funciona como un arquetípico producto Disney. Desarrolla toda la artillería pesada para provocar la emoción cuantas veces haga falta, posee una factura solvente, los efectos especiales rozan la plenitud y la historia funciona tanto para los más pequeños como para los adultos que les acompañen.

En otros territorios no suele pasar pero en el terror son muchas las películas que, antes de ser largometrajes y gozar de una distribución internacional normalizada, nacieron como cortometrajes. Los resultados no suelen ser buenos porque si el cortometraje lo era, quiere decir que tenía la duración, el tono y el desarrollo que la historia exigía.