Han pasado 32 años de aquel Cazafantasmas de Ivan Reitman donde Harold Ramis, Ernie Hudson, Bill Murray y Dan Aykroyd se convirtieron en emblema y fenómeno de masas del cine de evasión y fantasía. Canadiense de origen eslovaco, Reitman comenzó trabajando junto al David Cronenberg más sórdido y voraz a quien le produjo Vinieron de dentro (1974) y Rabia (1977). Luego cultivó su lado más gamberro y le toco la lotería cuando Las incorregibles albóndigas y El pelotón chiflado fueron fuente de oro y risas.

Hay tanto retruécano, tanto McGuffin, tantos hilos cruzados en su telaraña, que Al final del túnel termina por abrumar. Hija de su tiempo, la película de Rodrigo Grande se percibe satisfecha de guión, potente y segura en sus ingredientes, diestra y vital en su narrativa. En ella, Grande ha puesto muchas cosas, muchas referencias cinéfilas, muchas citas literarias y demasiadas ambiciones. Y al frente, ha colocado a un actor competente, un Leonardo Sbaraglia que se hace con un personaje sobrecargado de circunstancias.

Edward Zwick se mueve con autoridad en el Hollywood del lujo y el Oscar. Nunca será un gran cineasta pero resulta solvente en su oficio. En realidad es un Spielberg de baja gama que, en consecuencia, siempre formaliza bien sus productos amparado en una calculada estrategia de cartera amplia y escaso riesgo. Entre sus títulos cabe citar Leyendas De Pasión (1994); El Último Samurái (2003); Diamante De Sangre (2006) y Resistencia (2008).

De manera más o menos evidente, a las mascotas se les atribuyen virtudes para alejar desgracias y/o (a)traer buena suerte. Y estas Mascotas han llegado en el verano de 2016 con mucho más que buenaventura bajo el brazo. Por lo pronto, a la vista de los consecutivos hundimientos de la programada cultura mainstream para el verano de 2016, digamos que Mascotas es la excepción y ofrece la mejor garantía de propiciar un buen rato tanto a la chavalería como a quienes entienden que un filme de animación también puede ser cine mayúsculo.

Vilipendiado con saña y descalificado con sospechoso fervor, Escuadrón suicida aparece como el gran naufragio fílmico del año. Digamos que, en efecto, confunde fortaleza con estruendo, humor con gansada y acción con atropello. Demasiado aturdimiento para sostener la única idea que tenían. Para llevarla a efecto, la DC no ha escatimado gastos.

Matt Damon y Paul Greengrass coincidieron en la segunda y en la tercera película (El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne) y cosecharon impresionantes taquillajes y elogiosos babeos críticos. Desavenencias con los productores descolgaron a Greengrass, ante lo que Damon decidió irse con él. El discreto resultado comercial de la cuarta entrega, sin ninguno de ellos, forzó que los productores accedieran a reunir de nuevo al director con el actor.

Hay algunas cosas interesantes en La correspondencia, el último filme de Giuseppe Tornatore, un realizador que rueda casi siempre con alto presupuesto e infinita ambición. Pero hay que buscarlas con cuidado. Se impone, para disfrutar de ellas, evitar la banalidad y no acusar la desproporción del guión. Si se deja a un lado su tronco narrativo, es posible apreciar que, aunque escondidos, en este filme hay algunos méritos.

Frente a la creencia sostenida de que la calidad media de las series de televisión en estos momentos roza la excelencia, películas como Ahora me ves 2, son la prueba evidente de que la calidad media de las películas que se producen desde Hollywood aporta, en la segunda década del siglo XXI, menos riesgo, originalidad y oficio que cualquier capítulo de una mala serie de relleno de los años 70.

Hay un antes y un después del Batman de Christopher Nolan. Tras la trilogía del autor de Origen e Interestelar, el cine de aventuras ya no puede ser igual. De hecho, ya nada es como era. Esta revisitación al mundo de Tarzán, ideado por E.R. Burroughs, da prueba fehaciente de ello. Lejos de la primitiva inocencia del Tarzán de Weiss muller, y carente de la equilibrada ambigüedad sofisticada que Christopher Lambert le dio, este Tarzán interpretado por Skarsgård se refugia, con la complicidad del director David Yates, en un ensimismamiento influido por el hacer de Christian Bale pero poco alimentado por un guión perdido en medio de oscuras confabulaciones políticas.

Tercera entrega de La Purga; tercer capítulo de un imaginario distópico que cada día se parece más a la realidad. Escribe y dirige el de siempre, un James DeMonaco que empezó como guionista y que, paso a paso, purga a purga, ha creado un clásico del siglo XXI. De origen italiano, nacido en Brooklyn en 1969, DeMonaco se encuentra en su plenitud tras conformar su personalidad escribiendo capitulo tras capítulo exitosas series de televisión.