El costumbrismo, por mas que se deje conducir por la autocomplacencia y la sal gruesa; por encima o por debajo del acierto de su piel, siempre arroja indicios importantes sobre la temperatura social del paisa(na)je que representa. En los años 50 y comienzos de los 60, Azcona, Berlanga, Bardem y compañía, dibujaban hombres y mujeres ridículos; un pelotón de náufragos y supervivientes en una sociedad de zapatos rotos y peluquería de barrio.
Antes de dirigir “La lengua de las mariposas”, y mucho antes de que ejerciera como productor para Amenábar, hubo un Cuerda beligerante, un activista desde el papel y el celuloide, forjado en la transición y portador de un deseo utópico. Era un gamberro irreverente armado por los conocimientos canónicos de escolaridad con olor a misal y sacristía de monaguillos pícaros.
Tal vez “Yuli” no sea tan mala como mi opinión dejará entrever. Probablemente entre las personas que acuden en masa a ver el musical de “Billy Elliot”, la mismas que lloraron con el Garci de “El abuelo” y esperan con ilusión la nueva entrega de la denominada trilogía del Baztán de la novelista Dolores Redondo, “Yuli” sea un título recomendable.
En la misma semana que se produce el estreno estatal de “Entre dos aguas”, Isaki Lacuesta protagoniza en el Centro George Pompidou de París una retrospectiva de su trabajo. Se recuerda que el templo del arte contemporáneo francés rara vez se ha abierto al reconocimiento de un artista nacido en este lado de los Pirineos. Y al mismo tiempo que Lacuesta protagonizaba la parrilla cinematográfica parisina, TVE estrenó su anterior película; un disparate humorístico que ni hizo reir al público ni supo contentar a sus productores, porque fue un fiasco total.
Para filmar “SuperLópez”, un producto considerado seguro por el gran predicamento que le acompaña, no se han escatimado esfuerzos. Lo que no quiere decir que no haya habido problemas. De hecho, el proyecto dio tumbos y pasó de mano en mano hasta llegar donde se encuentra ahora. Bajo el control de un director que sabía qué significa llevar del papel del TíoVivo al cine comercial a uno de sus personajes.






