La historia que sostiene a «Votemos» ha dado señales de que sabe atrapar a un público mayoritario. Entre otras cosas porque conecta con la secular tradición española de ese costumbrismo que no es sino un espejo distorsionado de la realidad, a través de la sátira, la crítica y el humor.
Dado que la sustancia nuclear de «El jockey», lo que le confiere su singularidad, gira en torno al tema de la identidad, habrá que exponer que solamente desde esa quimera argentina de psicoanálisis y mate es posible crear un filme como éste. Solo un «pibe» sin freno puede bailar tan agarrado a Kaurismäki como mostrarse transido por Lynch.
Resulta evidente que La trama fenicia, la última locura de Wes Anderson, comparte con Viridiana algunas extrañas coincidencias. Y parece posible que éstas podrían haberse gestado cuando en Chinchón y Colmenar de Oreja, el iconoclasta Anderson se refugió con su equipo para rodar Asteroid City (2023).
En la zona central de «Si yo pudiera hibernar», más o menos hacia la mitad de la película, se escucha la frase que da título a esta edificante película. La dice el hermano pequeño de los tres menores que, abandonados por su madre alcohólica, sufren hambre, privación y enfermedad en medio de una miseria asumida con extraordinaria dignidad.
De Unamuno a Chesterton, de Bresson a Hitchcock, nunca han faltado inspirados narradores de colmillo fino y alta pluma que han sabido extraer oro del desván eclesiástico. La orden sacerdotal de la religión católica, siempre hermética, casi siempre oscura y a veces perversamente húmeda, ofrece recovecos y telarañas, infamias y heroicidades, dignos de analizar.






