Mezclar el humor negro con niños protagonistas no es la única temeridad de esta comedia limpia, melodramática y decididamente buenista con la que el dúo Andy Hamilton y Guy Jenkin hurgan en la mina abierta por Pequeña Miss Sunshine. A ella recuerda aunque las diferencias entre la película norteamericana, curiosamente también dirigida por una pareja, la formada por Jonathan Dayton y Valerie Faris, y ésta son sustanciales.

Leticia Dolera lo es todo en esta película que se encomienda a Woody Allen y se abraza a la comedia urbana española de un presente hecho de low cost y mucha labia. Dolera dirige, escribe y protagoniza una reflexión sobre una joven mujer que se siente diferente porque ni tiene pareja, ni casa, ni trabajo, ni vida social, ni aficiones, ni vida familiar. Como consecuencia, tampoco cumple el séptimo requisito para ser normal: ser feliz.

El pecado original del cine se esconde en su naturaleza, en ese ADN en el que se inscribe la biología que lo constituye. La materia primigenia del cine se llamó fotografía y surgió como consecuencia de la huella formada por esa herida de luz que reproduce la apariencia de lo real. Esa brecha sangrante impuso una deuda con el verosímil. Y así, desde su origen, el cine comercial ha estado encadenado a un sistema de representación de vocación aristotélica hipotecado al principio de causa-efecto.

Más versátil que Pedro Almodóvar, cineasta con el que se le comparó por muchas razones y no sólo estilísticas, François Ozon ha edificado una filmografía diversa y resbaladiza. De hecho, nunca se puede adelantar qué género abordará en su nueva entrega, hacia dónde se moverán sus intereses ni de qué iran sus historias.

Así como los accidentes de circulación suponen la mayor intromisión del azar y la muerte en las acomodadas existencias de la clase media de la sociedad del bienestar; la boda y su ritual, parece ser el gran evento, ese pequeño y fugaz fogonazo de glamour para esas vidas comprometidas con una rutina sin sobresaltos. Convertido en un subgénero, el número de películas que gira en torno a una boda crece cada momento.

Desde su nacimiento al cine, la trayectoria de Isaki Lacuesta se ha significado por su falta de ortodoxia. Se diría que Lacuesta trata de regatear a su propia sombra especialmente cuando ésta ha sido saludada por el éxito y los parabienes. Fiel a ese ideario, en cada nuevo proyecto aparece con el paso cambiado respecto a lo que había sido su obra precedente.

En los primeros compases de la primera entrega de Piratas del Caribe, tras un deslumbrante arranque en la más pura y clásica ortodoxia del cine de aventuras, Johnny Depp rompía la compostura para dibujar un filibustero de trazo grueso, pose amanerada y rictus de náusea. Su primera aparición culminaba con el hundimiento de su bajel. Encaramado en el palo mayor, justo cuando éste se sumergía en el agua, su personaje, Jack Sparrow, llegaba a tierra firme.

Los años de la Thatcher y el desmantelamiento, el tiempo en el que los sindicatos ingleses y la orgullosa tradición de la clase obrera de carbón y hierro fueron (cor)roídos por la avidez neoliberal, hoy todavía no han cicatrizado. Pride, con una coartada de hechos reales ficcionados con azúcar emocional, rememora una extraña alianza entre distintos, apenas una anécdota por la importancia del número, pero toda una declaración de fe a juzgar por el entusiasmo que Matthew Warchus pone a la hora de recrear los hechos narrados.

Meta en la coctelera una buena base del espía más famoso de todos los tiempos, el que estaba al Servicio de su Majestad… James Bond. Luego, añada una pequeña pero sustancial cantidad de Superagente 86. Derrame también unas cuantas gotas de Los vengadores y finalmente, ya a discreción, para evitar sabores añejos, rocíe todo con referencias contemporáneas.

El éxito nubla la mente y la ambición, destruye el talento. De lo segundo, de talento, mejor no hablar porque en Samba brilla por su ausencia. Pero fue el caso que Eric Toledano y Olivier Nakache arrasaron con Intocable, un filme que se ganó al público conjugando dos verbos de eficacia probada.