La figura de Ramón Mercader, el asesino de León Trotski, despierta tanta curiosidad como desconcierto. Es la suya, una historia que transciende el hecho del asesinato y va mucho más allá de la talla de sus protagonistas. Estamos ante un hecho que emerge como el símbolo de toda una época. Se podría decir que su realidad se impone como un negro acertijo en cuyas entrañas se inscribe la naturaleza de lo que fue la parte nuclear del siglo XX.