A la vista de Loving Pablo (2017), película rodada en inglés sobre ese narcotraficante colombiano convertido en un Capone del siglo XXI, surge una pregunta: ¿quién ha cambiado más, los Javier Barden y Penélope Cruz de Jamón, Jamón (1992) o el Fernando León de Aranoa de Familia (1997) y Barrio (1998)?
Sobre la lona blanca de un ring, un pequeño charco de sangre establece el punto de fuga. Él es el comienzo de la clausura del periplo de Tonya, la “poligonera” del patinaje artístico. Consciente de que extraer la verdad de una historia en la que sus protagonistas siguen vivos y mantienen feroz disputa por “lo que pasó”, Gillespie construye la película como un cruce de géneros. Un híbrido que sorprende, incomoda e incluso indigesta.
En muchas de las empresas que Ridley Scott organiza, más allá de géneros, épocas y calidades, se suele dar una constante. Debajo de lo visible, tras la puesta en escena, Scott parece obsesionarse con el tema de la paternidad y el enigma del origen. El conflicto entre el hijo de sangre y el discípulo precoz, sobrevuela en sus más aplaudidas películas.
La obra testamentaria con la que se pone punto final a una trayectoria no es necesariamente la última en hacerse. Por ejemplo, el adiós conclusivo y absoluto de Akira Kurosawa no hay que buscarlo en Rapsodia de agosto (1991) o en Madadayo (1992), por más que ambas jueguen con la idea de la despedida y la muerte, sino en Sueños (1990) y en Ran (1985), obras que hablan de la vida y su ajuste de cuentas.
Los archivos del Pentágono transcurre entre dos batallas. En una, Spielberg muestra a un numeroso grupo de soldados norteamericanos pintando sus caras, camuflándose para ir al combate. Parecen actores maquillándose antes de entrar en el escenario, pero pronto sabremos que son carne de cañón, el peaje de sangre que tributa el gobierno yanqui para evitar reconocer su humillación.
El rastro que va dejando la biografía de Raoul Peck parece un laberinto de difícil comprensión. Su vida constituye un periplo donde lenguas, países y razas conforman un itinerario sin fin. Cineasta reconocido internacionalmente, apenas es conocido por el llamado gran público. Así pues, antes de avanzar en lo que este Joven Marx encierra, bueno sería ubicar quién y qué ha hecho su autor.
En apenas unos meses, cuatro películas de ADN anglosajón han recreado los días de sangre, sudor y lágrimas que, durante los primeros años 40 del pasado siglo XX, vivió Gran Bretaña. Dos rinden culto al señor Winston: Churchill de Jonathan Teplitzky y ésta que ahora nos ocupa, El instante más oscuro. Una se centra en el desembarco de Normandía y la otra se aplica en sublimar la retirada de Dunkerque.




