Escasamente conocida entre nosotros y, por lo tanto, en absoluto recordada, Lee Israel fue una reconocida autora de biografías que en los años 60 y 70 cosechó notables ventas y un indiscutido prestigio. Fue autora de semblantes como los dedicados a Katherine Hepburn, una inmersión emocional que buceó en la legendaria historia de amor entre la actriz de “La fiera de mi niña” y Spencer Tracy.
El barro que modela esta reflexión histórica entre dos reinas británicas, la que da título al filme y su prima Isabel de Inglaterra, sabe del teatro. Su médula espinal proviene del verbo y, como tal, son los diálogos quienes marcan su primer atributo, el principal tesoro, de un filme que no llega a la perversa brillantez de “La favorita”, pero que ofrece muchos atractivos.
Ahora se avergüenza y pide perdón, pero hace 20 años Peter Farrelly, junto a su hermano Bobby, dinamitó la muga del buen gusto y la corrección politica. En un claro desfase entre la ficción de sus comedias locas y la vida corriente, Peter Farrelly se hizo popular por una grosería; en cuanto tenía ocasión mostraba su pene a sus interlocutores, fundamentalmente si éstas eran mujeres.
Hay una sincronía entre el movimiento de su protagonista, un incombustible ladrón de bancos al que le da rostro Robert Redford, y el ritmo de la película. Se nos ha dicho que Redford se retira como actor con “The Old Man and the Gun” y, ciertamente, los 82 años que ha los lleva inscritos en las arrugas de la piel y en la dificultad con la que mueve su cuerpo.
De haber filmado, jornada a jornada, lo que ha significado levantar “Un día más con vida”, esos miles de fotogramas, recogidos y recreados a lo largo de años, alimentarían un manual aleccionador, una (co)lección ejemplar. ¿Sobre qué? Sobre la odisea de hacer un filme cuando éste obedece no a razones de mercado ni a la planificación de la industria, sino a un impulso que cree haber dado con un referente al que merece la pena dedicarle una buena parte de la vida.






