Entre Michel Hazanavicius (París, 1967) y Pablo Berger (Bilbao, 1963) se dan extrañas coincidencias e importantes diferencias. Pero, ciertamente, al observar la filmografía de ambos sorprende encontrar que tanto uno como otro, lejos de permanecer fieles a la demanda del mercado, abundan en incursiones heterodoxas.
Decir que el cine de Emmanuel Mouret (Marsella, 1970) limita al norte con Eric Rohmer y que desde el oeste recibe la herencia de Woody Allen, no agota las cualidades que le son propias. Actor antes que director y guionista, en «Tres amigas» se hace más evidente que nunca que Mouret posee un instinto singular, personal y certero para desnudar las veleidades del amor, el sexo, el deseo y el romance.
Si algo se inicia con «Whole Lotta Love» de Led Zeppelin y el primer plano lo ocupa Brad Pitt, nada puede ir mal. ¿Nada? Esa es la cuestión, que salvo el legendario tema de Robert Plant y Jimmy Page escrito en 1972, y la presencia de un Brad Pitt que cada día se parece más al Robert Redford de los años 70, nada hay en esta película, construida para la gloria de la Fórmula 1 y la legitimación del imperio árabe del lujo y el petróleo, merecedor de ser tenido en cuenta.
Nieta de Francis Ford Coppola y sobrina de la también directora y guionista Sofía Coppola, a Gia Coppola (Los Ángeles, 1987) el cine mecía su cuna. Gia representa el brote nuevo de una casta familiar abundante en nombres propios, guiada y, al mismo tiempo, cegada y deslumbrada, por la figura del creador de la mejor trilogía cinematográfica sobre la llamada (en ese caso perversa) del ADN y la ambición desmedida: «El padrino I, II y III». Gia creció bajo la tutela de Sofía Coppola.







