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2.0 out of 5.0 stars

Título Original: EL MUNDO ES ANSÍ Dirección: Miguel Ángel Calvo Buttini Guion: Miguel Ángel Calvo Buttini y Álvaro Lion Depetre Intérpretes: Nahia Bergasa, Álvaro Subiés, Julio Montañana Hidalgo, Ramón Barea y Bernardo Atxaga País: España. 2026  Duración:  82 minutos

La patata y el cine

Se le atribuye a Pío Baroja una tan ocurrente como estrafalaria comparación entre la patata y el cine. Al parecer el escritor del Bidasoa los emparejaba por su origen humilde, por su total versatilidad y por su vocación popular frente a otras manifestaciones artísticas más selectas, más excluyentes, más exclusivas. A ese humor barojiano de reniego y retranca, el cine no ha sabido responder. Es curioso que, salvo algunas incursiones en obras como «Zalacaín el aventurero» llevadas a la pantalla por Francisco Camacho en 1929, donde el propio Baroja hacía un cameo como carlista, y la versión de 1955 de Juan de Orduña y/o «Las inquietudes de Shanti Andía» (1947)  de Arturo Ruiz Castillo, Baroja y el cine rara vez han cruzado sus destinos.

En este caso, lo que aquí nos aguarda, dirigido y coescrito por Miguel Ángel Calvo Buttini, se reviste de una naturaleza híbrida; una docuficción que se alimenta de dos fuentes.  La primera consiste en un reflejo del proceso cognitivo llevado a cabo por el propio realizador.  Buttini se sirve y se proyecta en la presencia de una joven estudiante (convincente Nahia Bergasa) a la que le han encargado un trabajo académico sobre la figura de Pío Baroja. Ella apenas sabe nada y lo que el filme desgrana son sus pasos y paseos por los escenarios que Baroja transitó en vida. En su recorrer le acompaña, como una imagen fantasmática, un joven Baroja (hierático Álvaro Subiés) con el que establece un diálogo que paso a paso, cita a cita, cincela su figura y forja el retrato al que Buttini convoca y descubre.

La segunda fuente que riega lo que «El mundo es ansí» acaba siendo, se sirve del tradicional recurso documentalista por el que diferentes estudiosos y expertos de su figura y obra relatan. Entre ellos los hay colegas de profesión como Bernardo Atxaga, e intérpretes que se han metido en su piel como Ramón Barea. Ese maridaje, esa hibridación de recursos desemboca en un producto atípico y singular.

El Baroja que este filme propone es un Baroja al que Buttini no llega desde una admiración macerada durante años de lecturas. Tampoco obedece a una investigación que aporta secretos y misterios que alumbran zonas ocultas o desconocidas del escritor. Su motivación surge de un impulso y una propuesta:  conmemorar el aniversario de la muerte de Baroja a partir de testimonios ajenos, con el deseo de dar una visión tan didáctica como aleccionadora. Buttini aquí recupera aquel decir barojiano sobre el cine y nos propone un documental universal, fácil de digerir y popular, más atento a la emoción que a la letra impresa.

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