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2.0 out of 5.0 stars

Título Original: LES MUSICIENS Dirección: Grégory Magne Guion: Grégory Magne y Haroun Intérpretes: Valérie Donzelli,  Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi, Emma Ravier y Daniel Garlitsky País: Francia. 2025 Duración:  102 minutos

De divas y divos

La música y el cine saben de la importancia del ritmo, ambas viven en y del tiempo y en el tiempo se trenza el común denominador de su razón de ser. Sea diegética o extradiegéticamente, la música rara vez está ausente en una sala de cine. Incluso existe un género específico: el musical. Y recuerden, ni siquiera cuando el cinematógrafo era mudo, eso que algunos denominan cine silente, la música le fue ajena.

En ese maridaje, a veces, como en esta ocasión, los guionistas deciden fundir historias de músicos y música y contarlas para el cine. Y entonces acontece que, pese a tanta afinidad, los resultados tropiezan con las diferencias que les sostienen: una se mueve en la abstracción, la música; la otra, como decía MacLuhan es un medio extraordinariamente frío, apenas deja al lector un margen para subjetivizarla, para completar la emoción.

El argumento de «Los músicos» promete más de lo que su director y coguionista, Grégory Magne, consigue convocar. Parte de un esfuerzo titánico. Una promotora musical, Astrid Thompson, decidida a cumplir el sueño de su padre, lleva a efecto lo que parecía imposible. (Re)unir cuatro Stradivarius para un concierto singular. La tarea se nos vende como una misión imposible. Primero conseguir los instrumentos, joyas de museo, piezas de coleccionismo, instrumentos en riesgo de extinción. Las personas que tengan curiosidad por el tema, pueden leer como complemento «El violín de Lev» de Helena Attlee.

Pero volviendo al más difícil todavía del guion de este filme: Magne dificulta la tarea al hacer que los cuatro intérpretes ideales, ofrezcan una empatía fundida con egos difícil de sujetar sin una voz de mando. Así se acude al compositor de la pieza escogida, una partitura escrita hace años por un célebre compositor cuyo interés por aquel proyecto se ha diluido por completo.

Planificada como una cuenta atrás, la acción avanza día a día hacia lo que se intuye la sublimación de un fracaso total. Una galopada musical sobre el tiempo que se atora en la ausencia de singularidad y originalidad. Sin frescura todo recae sobre un reparto de personajes e intérpretes de anémica densidad dramática sorteada a veces, por la fuerza emocional que siempre aporta la música. En ella, en esa crónica de las, a veces, pueriles actitudes de luminarias que conforman el olimpo de la escena profesional, se encuentra lo mejor de una fábula sobre la inseguridad, la vanidad y el (des)concierto.

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