Todas las dudas y desconciertos que zarandean la visión de La misteriosa mirada del flamenco se vuelven recuerdos hondos y sensaciones agridulces cuando la película se rememora. Esa capacidad que posee esta obra de empapar los recuerdos, más allá de la estridencia inicial de su primera visión, la aleja de un nombre de referencia que se ha utilizado para ubicar a Diego Céspedes: Pedro Almodóvar.
En ese instante crucial del parpadeo por el que cobra vida la magia que el cine a veces alcanza, Llúcia García, la neófita actriz que en «Romería» interpreta dos personajes y dos tiempos; el «sfumato» de una Carla Simón adolescente y los vestigios idealizados de su madre biológica, mira frontalmente al espectador.
El propio Campillo alude a ello al hablar de las personas infectadas por el SIDA que en los años 90 se enfrentaban a una muerte inexorable. Uno de sus personajes se define y define a sus compañeros como zombies. Esa condición de muertos vivientes tiende un puente entre esta película y su primer largo, Les Revenants (2004).

