La novela de Michela Murgia, «Tres cuencos», sostiene y legitima el sondeo emocional en el que Isabel Coixet bucea hasta provocar el ahogo sentimental del público. En «Tres adioses», como se deduce del título, nos enfrentamos a un ritual de despedida. Es la hora del duelo y la parca.
La mejor manera de penetrar en lo que contiene una propuesta artística es simple. Solo hay que palpar su texto, abrazar lo que le constituye. Ese «leer» paso a paso, palabra a palabra, implica, por supuesto, desterrar los prejuicios, abandonar las ideas preconcebidas e incluso esquivar las querencias personales.









