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La zona gris es aquella que se extiende desde que el blanco deja de serlo hasta ese segundo en el que la oscuridad lo invade todo. Dicho de otro modo, la zona gris representa el callejero donde la humanidad se busca. Es el territorio de la sombra; el reino de la incertidumbre. En él, el miedo y la niebla, los perros de la angustia, intoxican la verdad si es que la verdad existe para todos.

Desierto particular-imagen

La magnética autenticidad, aparentemente desprovista de oficio, que Pedro Fasanaro aplica en el dibujo de su personaje en “Desierto particular”, atraviesa a la película de Aly Muritiba con la eléctrica sensación de lo cierto. No era fácil. En “Todo sobre mi madre” por ejemplo, Pedro Almodóvar tejía una fascinante red de atracción en torno al personaje “del padre” de Esteban, el joven adolescente al que Eloy Azorín daba vida durante el primer acto de la que sigue siendo uno de los mejores filmes del director manchego.

Cada vez que se nos avisa que una película está basada en acontecimientos reales y, especialmente, si la mayor parte de sus protagonistas todavía permanece entre nosotros, surge la tentación de preguntar(se) por qué no se ha escogido el género documental en lugar de organizar una recreación artificial en la que unos actores reproducen impostadamente esos hechos que “ocurrieron”.

Abundan las interpretaciones, con mayor o menor autoridad etimológica, sobre el origen y significado de expresiones como la que da título al tercer largometraje del esforzado Jordan Peele, un cineasta de origen afroamericano que recoge el testigo edulcorado de la reivindicación racial de Spike Lee.