Al menos tres películas recientes resuenan en «El ser querido», la obra con la que el equipo Sorogoyen-Peña pretende independizarse de la acción para bucear en la emoción. Se trata(ba) de decir adiós al «thriller» para dar buenos días al melodrama pero ¿es posible escapar de los instintos propios? «El ser querido» responde, sobre todo, a esta cuestión.
De Unamuno a Chesterton, de Bresson a Hitchcock, nunca han faltado inspirados narradores de colmillo fino y alta pluma que han sabido extraer oro del desván eclesiástico. La orden sacerdotal de la religión católica, siempre hermética, casi siempre oscura y a veces perversamente húmeda, ofrece recovecos y telarañas, infamias y heroicidades, dignos de analizar.


