David Ayer (Illinois, 1968) se mueve cómodo en el género de acción. De David Ayer se supo por vez primera, gracias al guion de Training Day (2001) de Antoine Fuqua. Escritor antes que director, resulta curioso contemplar a un profesional de la palabra al frente de un filme en el que no hay diálogo posible porque en el 98% de su metraje el plano lo ocupan un hombre y un perro.
Tras el profundo vaciamiento emocional que significó «Drive my car» (2021), Ryûsuke Hamaguchi (Kanagawa, 1978) deja a un lado los soportes de la alta costura literaria (y teatral) para, desprovisto de coartadas culturales y sin la ayuda de Chejov ni Murakami, abismarse en una naturaleza crepuscular.



