Aunque la reinvención de Robocop 2014 respeta incluso el nombre del policía cuyos restos sirven para (re)construir el cyborg que Robocop es, el esforzado y notable trabajo de José Padilha no puede (ni quiere) recuperar su naturaleza originaria. En ese sentido, Robocop 2014 se comporta un poco como el Old Boy de Spike Lee con respecto al de su modelo de partida; aunque hay planos y secuencias idénticas, las diferencias resultan abismales.
Si alguna vez merece la pena superar la animadversión que provoca el 3D, colocarse unas gafas que han reposado en cientos de narices ajenas y encarar esa sensación de artificio permanente, es aquí, en este filme. Nunca como ahora, la tridimensionalidad ha sido digna de pagar el excesivo precio que cobran por verla.


