Si atendemos a su ideología y a su actitud profesional, se puede establecer una línea de férrea afinidad entre el neoyorquino Mel Gibson y el californiano Clint Eastwood. Ambos son actores y directores. Ambos declaran ser extremada y apasionadamente conservadores. Y ambos, de vez en cuando, hacen declaraciones altisonantes y defienden planteamientos políticos tan discutibles como incómodos.

Criminal aparenta seguir los pasos de la saga Bourne. A ella parece encomendarse Ariel Vromen, un cineasta de origen israelí aunque ya afincado en EE.UU., que ahora dirige esta película de bandera británica. Pero en realidad, el argumento, lo que sus guionistas habían labrado en el interior de esta película era y sigue siendo algo muy diferente.

Vilipendiado con saña y descalificado con sospechoso fervor, Escuadrón suicida aparece como el gran naufragio fílmico del año. Digamos que, en efecto, confunde fortaleza con estruendo, humor con gansada y acción con atropello. Demasiado aturdimiento para sostener la única idea que tenían. Para llevarla a efecto, la DC no ha escatimado gastos.

Matt Damon y Paul Greengrass coincidieron en la segunda y en la tercera película (El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne) y cosecharon impresionantes taquillajes y elogiosos babeos críticos. Desavenencias con los productores descolgaron a Greengrass, ante lo que Damon decidió irse con él. El discreto resultado comercial de la cuarta entrega, sin ninguno de ellos, forzó que los productores accedieran a reunir de nuevo al director con el actor.

En la biografía de Alex Proyas todo resulta poco común. Todo se llena de zozobra, sombras y excentricidad. Debutó hace 22 años y en ese tiempo ha dirigido seis películas. Todas ellas heterodoxas, la mayoría de vocación fantástica, muchas con extraños tonos turbios. Construyó en 1998 un filme de culto titulado Dark City y el estigma kafkiano de Dark City nunca le ha abandonado. Cuatro años antes, había dirigido la adaptación al cine de un personaje de cómic, El cuervo.

Antes de dirigir Iron Man 3 (2013), y antes de debutar como director con Kiss Kiss Bang Bang (2005), Shane Black fue actor en sus comienzos y luego guionista. Como escritor de relatos fílmicos, bastaría con citar El último gran héroe (1993) dirigida por John McTiernan y El último Boy Scout (1991) de Tony Scott, para certificar que Black no es ni mediocre ni bisoño.

Maíllo en Toro parece coincidir con algunos precedentes del cine español de los últimos años; ese que ya sin complejos ni memorias por reivindicar está más pendiente de Hitchcock y los Coen que de Buñuel o Berlanga. Maíllo, como antes el Agustín Díaz Yanes de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y el Enrique Urbizu de No habrá paz para los malvados, se sumerge en la oscura cartografía del género negro español.

Cuando se cumple media hora de duración, Objetivo: Londres ya no tiene nada que decir. En ese momento, el mundo, según la fábula distópica que convoca y pergeña el filme de Babak Najafi, ha perdido a buena parte de sus líderes. El terrorismo controla Londres y el presidente de los EE.UU. se ha convertido en una pieza de caza sobre la que sobrevuelan como buitres un número inagotable de mercenarios islámicos. Es el único líder mundial vivo.

Hsiao Hsien practica un cine personal, inconfundible, revelador. Da igual el tema, el tiempo, el género e incluso la historia que encierren sus películas. Al final siempre se halla en ellas una sacudida que estremece. En The assassin, bajo su ropaje de wuxia, con el pretexto de una trama hermética de confabulaciones de alcoba y sangre, el director taiwanés descubre una de sus más inspiradas páginas. Más allá del laberíntico devenir de ecos siniestros, venganzas familiares y proclamas lapidarias, el paisaje deviene en texto.

Hace poco más de un año, Denis Villeneuve acaparaba un doble protagonismo en el festival de cine de San Sebastián donde concurría con dos largometrajes. Uno, a concurso, en la sección oficial, Enemy. El otro, Prisoners, para acompañar al premio Donostia de ese año, Hugh ( Lobezno) Jackman, protagonista de una película que hablaba de venganzas al servicio de la ley del Talión.