Con Keanu Reeves empieza “Siberia”; con Keanu Reeves termina. Del primero al último plano todo debe reverencia al protagonista de “Matrix”. Aquel Neo encarna aquí a un norteamericano traficante de diamantes en la Rusia actual.

En la trayectoria de Soderbergh hay un punto vertebral en el cambio del siglo XX al siglo XXI. En 1998 había realizado “Ocean´s Eleven”, un enérgico divertimento. En 2002 le echó un pulso a Tarkovski, para releer al Stanislaw Lem de “Solaris”.

Hay un momento vertebral en este filme donde guionista y director traspasan el umbral del verosímil. A partir de allí, le es dado a la persona espectadora de este relato poner en duda todo lo que hasta ese momento creía ver. Dicho de otro modo, tras el estupor de asistir a una actitud inesperada, surge la claridad de vislumbrar que lo real no es lo que creía.

Si hubiera posibilidad de recuperar las viejas sesiones dobles de los tiempos en los que solo había cine y nada más, se podría cruzar “Formentera Lady” con “Lucky”. En ambos filmes se habla de dos hombres al final de sus existencias. Harry Dean Stanton había nacido en 1927; José Sacristán, lo hizo diez años después.