Nacido con el cine en la cuna, Víctor García León (1976) pronto destacó como un director precoz. Tenía veinte años cuando hizo su primer corto en el que aparecían Juan Luis Galiardo y su propia madre, Eva León. Con 25, estrenó su primer largo, Más pena que gloria (2001).

Si aborrecen las películas de superhéroes; si no aprecian ninguna diferencia sustancial entre el Batman de Tim Burton con respecto al de Christopher Nolan; si se considera como ganga tanto el Iron Man de Jon Favreau como el Daredevil protagonizado por Ben Affleck, nada tienen que hacer viendo esta película.

Aunque al comienzo de este testimonio fílmico, en una entrevista grabada en 1991, Chavela Vargas diga que lo importante es el futuro, que el pasado poco o nada importa, las documentalistas Catherine Gund y Daresha Kyi no hacen sino bucear en el origen de la incontrolable Vargas para construir su historia.

Cuando la muerte empezó a fijarse en Franco, Portugal se enfrentaba a la pesadilla de guerrear para mantener sus propiedades coloniales en Angola. Aquel conflicto trajo una revolución y liberó a Portugal. En aquellas batallas sin honor ni sentido, Antonio Lobo Antunes escribía arrebatadas cartas de amor para acompañar el embarazo de su mujer, a cientos de kilómetros de distancia.

Francesa nacida en Argelia, Nicole Garcia ha cumplido 71 años; es actriz, guionista y directora con una extensa carrera. Pese a ello, el hecho de que hasta ahora apenas sea (re)conocida fuera de su país, con un currículum más atractivo que el de muchas luminarias de hojalata, pone el dedo acusador sobre la invisibilización de las mujeres en la industria audiovisual.

A esta nueva versión de La Momia le encaja bien el “utrimque roditur” del Príncipe de Viana. Es decir, le caen palos a discreción. No hay crítica -salvo excepciones contadas- que no la corroa. Los nostálgicos del cine clásico porque para ellos, el cine acabó con la jubilación de Billy Wilder.

En su traducción al español, este filme de presupuesto flaco y alcance largo, ha mutado el sentido de su título. De “Sal” o cualquier otro sinónimo que implique el “consejo” imperativo de huir; se ha pasado a “Déjame salir”. Es decir, se produce un giro sustancial que va de la orden al ruego, del mando al por favor, del aviso de un observador activo a la súplica de un atrapado apesadumbrado.

Antes de hacerse cine, Piratas del Caribe era una atracción de feria que vivía en los parques de Disneylandia. Aunque su ADN se había fabricado a partir de las películas del Hollywood de los años 40, a diferencia de otras barracas escópicas ideadas para una jornada familiar y germinadas por personajes y/o películas del universo Disney, Piratas carecía de paternidad.

Como Sospechosos habituales, El caso Sloane posee una estructura ósea robusta, ajustada al milímetro, afilada con precisión. O sea, su guión, ahí donde nacen las películas, se muestra satisfecho y seguro de su pegada. Sabe que crece sobre un artificio, pero se siente legitimado porque hay ritmo, fuerza y una calculada ambigüedad que provoca desconcierto en el público.