Título Original: WILWOOD Dirección: Travis Knight Guion: Chris Butler a partir de la novela de Colin Meloy y Carson Ellis Intérpretes: animación País: EE.UU. 2026 Duración: 132 minutos
Camelot nunca muere
Travis Knight (Oregon, 1973), máximo responsable de «Wildwood», representa el principal valor de «Laika Entertainment». Animador, productor y, finalmente, director; tras jugar un papel importante en el lanzamiento de «Laika», con obras como «Los mundos de Coraline», «El alucinante mundo de Norman» y «Los Boxtrolls», debutó como realizador con la más feliz obra de su productora hasta ahora: «Kubo y las dos cuerdas mágicas» (2016).
Poco antes del estreno de «Kubo», Laika ya había comprado los derechos de «Wildwood» a sus autores, Colin Meloy y Carson Ellis. Desde entonces Travis ha venido trabajando en el que se ha convertido en su proyecto más ambicioso y más arriesgado comercialmente. Referencia de la animación stop-motion estadounidense, Travis y «Laika» han dedicado más de una década a resolver un proyecto complejo y artesanal. Entre otras cosas porque en el tiempo de la IA y el simulacro, en el imperio de lo digital y el mínimo esfuerzo, «Wildwood» fue construida «a mano», segundo a segundo, con un despliegue descomunal que hace del «cómo se hizo» una obra admirable. Pero es que, además, no hay personaje sin magnetismo ni existe en esta obra un paisaje sin misterio, una secuencia sin magnetismo. Todo en «Wildwood», estéticamente hablando, se abraza a la perfección.
Cine de animación cuya crueldad no la hace recomendable para niños pequeños, Travis Knight lidera un proyecto destinado a «viejóvenes» y a adolescentes eternos del siglo XX. Su argumento ilustra el universo de Meloy y Ellis y en él se reconoce la herencia del universo celta, ecos de la épica fantástica anglosajona y un toque de cultura «woke» que la convierte en testigo y emblema de su tiempo. Su savia narrativa reivindica el ecologismo y la necesidad de no renunciar a la imaginación, lo que no le impide adentrarse en arenas movedizas con referencias a la muerte, la venganza y el suicidio.
Travis conduce su relato con calma, respira hondo y suple la previsibilidad del texto con la fuerza de la imagen y con el carisma de quienes la habitan por dentro. El cierre de ese círculo de maravillas cabalga a lomos de su banda musical donde «The Decemberist», grupo de Colin Meloy, autor de la novela, pone un irreprochable broche sonoro.
