Hay varios hundimientos en este naufragio total en el que se abisma esta obra inspirada en El planeta de los simios que en 1968 protagonizó Charlton Heston. El peor parado se llama Matt Reeves, un lugarteniente de J.J. Abrams, al que sólo se le pedía igualar los pulcros logros alcanzados por un Rupert Wyatt que supo armar sólidamente El origen del Planeta de los Simios.

Símbolo de la barbarie bélica, Godzilla nació en 1954, nueve años después de que Japón recibiera dos zarpazos criminales en Hiroshima y Nagasaki. Aquella traca apocalíptica con la que se rubricó el final de la segunda guerra mundial, holocausto sanguinario que supuso el asesinato de miles de personas inocentes, fue una exhibición obscena de la capacidad de matar del ejército estadounidense.

El fantasma de Intocable, el mayor éxito comercial del cine francés del siglo XXI, se pasea por la barca-escenario de este filme que comparte el mismo protagonista: François Cluzet. Pero desde su mismo enunciado, hay algo en su interior que se sabe espejismo, que se percibe falso, que (nos) engaña. ¿Por qué se titula En solitario si su protagonista nunca lo está?

El Médico no es una mala película, es peor. Es la evidencia de que hacer cine no se limita a sumar ingredientes por muy atractivos que estos puedan resultar de antemano. Construida sobre la base de un best seller de esos que mezclan divulgación histórica con moralejas del presente, su relato se sostiene sobre la coartada del conocimiento y la erudición, pretexto que sirve para alimentar relatos de vocación evasiva sin sembrar la mala conciencia de que con ellos se pierde el tiempo.

Cuando el filme ha concluido, cuando la historia se cierra sobre sí misma, Sean Penn realiza su último quiebro como narrador. Hasta ese instante, hemos asistido a dos horas ensimismadas levantadas en torno a un protagonismo omnipresente: el del personaje que encarna Emile Hirsch.