Todo en esta tercera entrega del Spiderman protagonizado por Tom Holland se mueve en torno al número tres.
El exceso de guionistas casi siempre obedece a la mirada asfixiante de una productora ávida de beneficios y a la debilidad del material de partida. En “Way Down”, el material de partida consiste en las imágenes de la algarabía futbolera por la conquista del mundial a cargo de la selección española de fútbol en el año 2010.
Si el primer asalto de “Escuadrón suicida” daba pena; esta entrega, deja sin palabras. Si en su obra precedente, bajo la batuta de David Ayer y con el viejo esquema de “Doce en el patíbulo” y la sobredosis de humor rancio y talento breve solo latía algún alivio en la presentación de los personajes y en las zonas de transición; en esta nueva aparición, todo se abisma.
Si buceamos en el pasado de Ilya Naishuller, un profesional ruso que ahora trabaja para EE.UU., descubriremos muchos videos musicales y un largo de acción cibernético. Nada más, ni nada menos. Si abrimos en canal lo que “Nadie” es, encontraremos una mezcla emponzoñada entre la iconografía malsana de David Lynch y un dulce olor a podredumbre de David Cronenberg.
En los 70 y en los 80 las máquinas recreativas, los reclamos de las salas de juego, se servían del imaginario de los grandes éxitos de Hollywood. Indiana Jones, Star Wars, Tiburón… y decenas de títulos ilustraban los mismos “clippers” con idéntico resultado: eran mero pretexto, en nada alteraban la esencia del juego.






