La sustancia que insufla vida a “Tres mil años esperándote” se reconoce en esos relatos laberínticos donde cada paso da lugar a una nueva historia que a su vez desgrana otra para que, en algún momento, se teja una red en la que todo se reconozca al servicio de un sentido único e inequívoco.
Sin novedad en el frente. En “Dios mío, ¿pero qué nos has hecho?” se mantienen las mismas constantes, virtudes y carencias de sus dos obras precedentes: “Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?” (2014), y “Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho ahora?” (2020). Su relato es consecuencia de ellas y su existencia da noticia de su éxito comercial, de su buena taquilla.
En apenas cinco minutos, los mejor filmados de toda la película, se nos presenta a la “bestia”. En esos fulgurantes y terroríficos destellos, dominados por la oscuridad, se nos previene sobre el “modus operandi” del monstruo y se nos informa del por qué de su comportamiento. En esos instantes inaugurales, se escenifica la llamada ley de la selva.
Autor, entre otras, de “Días de fútbol” (2003), “Días de cine” (2007) y “Tenemos que hablar” (2015), David Serrano acaba de salir más que airoso de la serie de televisión “Vota Juan” (2019). Ese proyecto protagonizado por Javier Cámara a partir de la idea de Juan Cavestany y Víctor García León sobre la mediocridad de los políticos de hoy en día, le ha dado “alas” a un director empeñado en responder sin chabacanería a eso que llamamos cine comercial.







