El Cairo confidencial lleva en el título de su comercialización española una declaración de intenciones que le resulta ajena. Nada que ver con L.A. Confidential salvo el hecho de que ambas películas se adentran en zona oscura, allí donde la muerte une a las gentes del arrabal con los que mueven los hilos del poder y las finanzas.
De origen egipcio y biografía sueca, Tarik Saleh forja su cine a golpes chirriantes de hielo y fuego, inquietante mezcla inherente a un transterrado. Ahora, con «Águilas de El Cairo», Saleh culmina una trilogía -junto a «El Cairo confidencial» (2017) y «Conspiración en El Cairo» (2022)- en torno a una ciudad en la que tiene vedada la entrada.
A fuego lento, en un laberinto que se retuerce sobre sí mismo, Tarik Saleh desarrolla un filme de tramas y mentiras, de delaciones y muerte en el corazón del Egipto de hoy. La acción de su argumento, que podía haber inspirado un buen relato a John le Carré, transcurre en la universidad-seminario de Al-Azhar en El Cairo, el epicentro del poder del islam suní.

