Título Original: ZWEI STAATSANWÄLTE Dirección y guion: Serguéi Loznitsa Intérpretes: Aleksandr Kuznetsov, Anatoli Belyj, Vytautas Kaniusonis, Valentin Novopolskij y Aleksandr Filippenko País: Alemania. 2025 Duración: 118 minutos
Kafka en prisión
En la producción de «Dos fiscales» intervienen media docena de países europeos. El filme recrea un contexto histórico apresado en aquella URSS que dejaba atrás a Lenin para, más que abrazar, ser abrazado por el «padrecito» Stalin, y desglosa un proceso argumental rabiosamente kafkiano. Ver «Dos fiscales» resulta desasosegante; supone una incómoda experiencia cuyo rigor y contención reclaman para ella la condición de película eterna.
En cuanto eterna, resulta atemporal. En cuanto película, ilustra la Rusia de los años 30 con la misma pulsión paranoica que atraviesa los mejores textos de Franz Kafka. Nadie ni nada puede escapar ante su visión, de la sensación de que aquí laten los fantasmas presentes en «El castillo», «El proceso» y en la menos conocida «En la colonia penitenciaria» de Kafka. La dirige Serguéi Loznitsa, un cineasta que recibió el mismo nombre que Eisenstein y cuyo estilo recuerda a los cineastas invisibles de la extinta Unión Soviética. Ucraniano de origen, autor de la visionaria «Donbás», vive en Berlín y nació en Bielorrusia, en 1964. Sigue siendo un desconocido para el público español pese a que el festival de Las Palmas programó hace años una retrospectiva con su abundante trabajo documentalista o que permanezca en el recuerdo la angustia de «En la niebla» (2013), una película con la que «Dos fiscales» establece un diálogo estremecedor.
El caso que nos ocupa, «Dos fiscales», se impone como una obra de impacto, un relato de los que muerden el alma, una radiografía sobre una situación acontecida hace 90 años, pero plenamente vigente y amenazadora en el mundo de ahora.
Serguéi Loznitsa no hace cine para entretener. Sus obras son quejidos del alma. Hoy, ahora, los ecos del campo de batalla en el que se ha convertido Ucrania resuenan en un director que ya preludió lo que nos pasaría. En cuanto a «Dos fiscales», parece un filme político, pero en realidad se comporta como una película terrorífica. En ella hay más horror y dolor que en el terror que se convoca en una semana de cualquier festival del género.
La enorme diferencia es que, lejos del grito escópico del gore, la angustia que aquí se cultiva se presiente tan real como posible. Todo arranca con un anciano prisionero en una cárcel rusa. Se le impone la misión de quemar el contenido de lo que parece un saco de basura. Alberga cientos de cartas. Piden clemencia, lloran perdón, exigen justicia. Y sobre el suelo se derrama la amarga constatación de que la condición humana consiste en una espera infinita y en aniquilar al otro porque la pulsión de muerte devora el placer de la vida.
