Hay señales confusas que no ayudan a entender la naturaleza de este «Mi querida señorita» titulado igual que el filme de Jaime de Armiñán de 1972. De entrada, su argumento y tratamiento serpentean de la traición al homenaje, de la distancia al guiño, hasta el punto de provocar la pregunta: ¿por qué se titula así ?
El título original de la película de Gus Van Sant hace referencia al rudimentario pero eficaz artilugio hecho de alambre y crueldad por el que un rehén anclado a una escopeta sabe que cualquier movimiento brusco acabará con su vida. Su relato es más una reconstrucción que un ensayo sobre el desesperado caso de Tony Kiritsis.


