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Como antes que cine fue teatro, los diálogos de «Lapönia» saben a caldo curtido. Dicho de otro modo, rebosa de palabras reposadas, bien texturadas. Un enófilo ocasional de catas dominicales, diría que el texto de «Lapönia» se ha enriquecido gracias a una oxigenación lenta y controlada a través de los poros, no ya de la madera de la barrica, sino de las tablas del escenario.