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Sin Barbie Ferreira ni John Leguizamo, probablemente «Un «like» de Bob Trevino» podría haberse perdido en las tardes lacrimógenas de tantos filmes de sobremesa dominical. Nos referimos a esos títulos olvidables y olvidados que abundan en historias levantadas para echar la siesta con la apacible sensación de que nada nos perderemos porque en realidad nada relatan que merezca la pena ser recordado.

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Tal vez fuera en «Porco Rosso» donde Miyazaki mostró con más determinación su capacidad para asomarse al lado siniestro de la carcajada. Y sin duda fue en este filme de 1992 donde su ideología se mostró de manera más explícita al sintetizar su fábula cinematográfica en una frase: «prefiero ser un cerdo que un fascista».

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Todo en este «Superman» de James Gunn (Guardianes de la Galaxia) parece ir a contracorriente. Acusada de simpatías palestinas por la lejana simetría entre las víctimas civiles a las que Superman ayuda para evitar una invasión criminal entre dos países de fuerzas militares muy distintas, lo único que resulta literal es que, a lo largo de dos horas, este Superman recibe tantas palizas como la suma de quienes le precedieron.

Como estilemas arrancados de su propia autobiografía, Lin Jianjie inserta en su primer largometraje, «Breve historia de una familia», imágenes disruptivas. Estos huéspedes inesperados, planos de forma circular como si fueran instantáneas robadas a un microscopio, nos recuerdan una frase que acompaña la presentación biográfica de este inquietante, gélido e impecable cineasta. 

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Decir que el cine de Emmanuel Mouret (Marsella, 1970) limita al norte con Eric Rohmer y que desde el oeste recibe la herencia de Woody Allen, no agota las cualidades que le son propias. Actor antes que director y guionista, en «Tres amigas» se hace más evidente que nunca que Mouret posee un instinto singular, personal y certero para desnudar las veleidades del amor, el sexo, el deseo y el romance.

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Si algo se inicia con «Whole Lotta Love» de Led Zeppelin y el primer plano lo ocupa Brad Pitt, nada puede ir mal. ¿Nada? Esa es la cuestión, que salvo el legendario tema de Robert Plant y Jimmy Page escrito en 1972, y la presencia de un Brad Pitt que cada día se parece más al Robert Redford de los años 70, nada hay en esta película, construida para la gloria de la Fórmula 1 y la legitimación del imperio árabe del lujo y el petróleo, merecedor de ser tenido en cuenta.