EL COCINERO DE LOS ÚLTIMOS DESEOS

Yójiro Takita, como Yóji Yamada y otros muchos directores japoneses, milita en una manera de encarar la profesión de realizador de cine desde la práctica del oficio. Aprenden desde la praxis, antes de cantar misa han ejercido de monaguillos y, en consecuencia, antes que narradores con un discurso propio que necesitan con urgencia plasmarlo en imágenes, son trabajadores de una industria que fabrica relatos.

VIAJE A NARA

Hace veinte años, Naomi Kawase (Nara, 1969) se convertía en la directora más joven en ganar la Cámara de Oro de Cannes con “Suzaku”. Hace diez, “El bosque del duelo” le reportaba en el mismo festival, el Gran Premio del Jurado. Entre ambas fechas, en el año 2005, en la primera edición del festival Punto de Vista, se le rendía la primera retrospectiva que la realizadora japonesa recibía en nuestro país.

UN ASUNTO DE FAMILIA

Probablemente “Un asunto de familia” encuentre su alma gemela en “Nadie sabe”, la película que en 2004 sirvió para que su director, Hirokazu Koreeda, se nos uniese para siempre como ese compañero de viaje al que, en los últimos 14 años, hemos aprendido a querer y a respetar a través de 10 películas. Ninguna ha sido mala.

MARY Y LA FLOR DE LA BRUJA

Si Akira Kurosawa fue llamado el emperador del cine japonés de la segunda mitad del siglo XX, Hayao Miyazaki (Tokio, 1941) merece ese título aplicado al cine de animación japonés. La mayor parte del anime ha sabido de su influencia. Con él y para él, han trabajado algunos de los más grandes.

FIREWORKS

Poco a poco, aprovechando los pequeños resquicios que permite una cartelera saturada de estrenos insustanciales, comienzan a verse estrenadas en los cines las mejores películas del anime japonés. Este Fireworks se presentó en el pasado Zinemaldia con aires de pieza mayor. La sombra de Your name le avalaba al mismo tiempo que le ponía un cepo en el cuello.

VERANO DE UNA FAMILIA DE TOKIO

Durante 26 años Yôji Yamada se dedicó casi por completo al mismo personaje. Durante un cuarto de siglo, aventura a aventura, consagró su existencia a Tora-san, un viajante arquetípico del imaginario japonés que adoptaba la sublimación del referente romántico nipón. Esto implicaba que, en la mayor parte de sus historias, Tora-san se quedaba compuesto y sin novia. La mejor prueba de amor no es culminar el deseo, o sea satisfacer el impulso, sino renunciar a él si hay circunstancias que así lo aconsejan.

A SILENT VOICE

Shinya Tsukamoto, el Johnny Rotten del cine japonés a quien le debemos uno de los personajes más psicotrónicos de la historia del cine contemporáneo, “Tetsuo, el hombre de hierro”, mostraba su preocupación por el diezmo vital que supone para Japón la alta tasa de suicidios juveniles. Para quien conoce la ferocidad de sus puñetazos audiovisuales, su inquietud y su dolor, adquiría un eco estruendoso al percibir la enorme dimensión de la sangría permanente que vive un país que tiene en el sacrificio ritual de los “47 Ronin” su “Mío Cid” de ojos sin párpados caucásicos.

HACIA LA LUZ

El título original de “Hacia la luz” se resuelve, en la caligrafía japonesa, con un bello kanji, un arabesco que, si se repara en él, puede percibirse como algo azorado; un abrazo tenso e intenso sostenido en un frágil equilibrio que se eleva hacia el cielo. Es un símbolo de seis trazos enhebrados por una coreografía gestual de armonía evidente.

EL TERCER ASESINATO

Como si obedeciese a un plan férreamente establecido, Hirokazu Kore-eda, con cada nueva entrega, mueve una pieza más en su decidido afán de revisitar el legado del cine clásico japonés. Se trata de una reescritura del hacer de sus predecesores donde no queda claro si pesa más la admiración o el rechazo.

MARAVILLOSA FAMILIA DE TOKIO

Durante años Jôji Yamada, con paciencia de monje y sutileza extrema, levantó una saga tan popular en Japón como desconocida fuera. Entre 1969 y 1995, Yamada filmó 48 películas protagonizadas por Kiyoshi Atsumi en el papel de Tora san. Fueron casi medio centenar de comedias amables en las que su protagonista acababa compuesto y sin novia provocando en el imaginario japonés un icono de enternecedor recuerdo.