ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD

La naturaleza de Tarantino lo acota como un freakie enciclopédico. Todo en él resulta torrencial, barroco, acumulativo. Es una redundancia redundante. Pero en su novena película, “Érase una vez en… Hollywood”, homenaje en su título a Leone aunque en el filme se habla del otro Sergio, Corbucci, algo ha cambiado en Tarantino. Por vez primera Tarantino se autorreferencia a sí mismo.

EL REY

Por razones obvias, “El rey” establece un puente con la pieza teatral de “La torna” (1977) de Els Joglars. Entre los travesaños que acerca aquel determinante acto teatral, que llevó a la cárcel a Albert Boadella, y esta película de alma escénica, guionizada por Alberto San Juan, hay semejanzas.

LOS ODIOSOS OCHO

La octava película de Tarantino hace alusión en su título al número ocho, el que rima con noche y asume el signo del infinito. Teniendo en cuenta que el número de aborrecibles personajes que aparece en su película no es exactamente ese, no cabe duda de que Quentin se alude a sí mismo. Esa es la cuestión, a estas alturas, a Tarantino le pasa como a todos aquellos creadores que han sabido mostrar e imponer un perfil propio. Tarantino ya no compite contra nadie, ya no debe demostrar nada. La vara de medir que se le aplica ha sido trenzada por su propio trabajo. Él es su enemigo.