EL TERCER ASESINATO

Como si obedeciese a un plan férreamente establecido, Hirokazu Kore-eda, con cada nueva entrega, mueve una pieza más en su decidido afán de revisitar el legado del cine clásico japonés. Se trata de una reescritura del hacer de sus predecesores donde no queda claro si pesa más la admiración o el rechazo.

ASUNTOS DE FAMILIA

Maha Haj ha trabajado con Elia Suleiman (“The Time that Remains”). Para quien no lo conozca, este dato nada dirá pero señalemos, por ejemplo, que Elia Suleiman, palestino nacido en Nazareth, como los protagonistas de este filme, sabe combinar desde el humor, el ácido corrosivo de la crítica política, con la observación compasiva de la condición humana.

YOUR NAME

No hay que equivocarse, Your Name, preñada de una carga sentimental capaz de fundir el hierro, es cualquier cosa menos una película meliflua. Su romanticismo sabe y bebe de la tragedia. Y su sencillez no le impide encarar un argumento enrevesado capaz de jugar con los tiempos y los espacios en una suerte de paradoja cuántica que hace fácil lo incomprensible y legible el palimpsesto que su guión cultiva en la cara oscura de su núcleo duro.

NO SOY MADAME BOVARY

Aunque en sus primeros compases, la heroína de Yo no soy Madame Bovary se parezca mucho a las protagonistas del Zhang Yimou de los años de rosas con Gong Li, se hace evidente que Xiaogang no se mueve en la misma esfera emocional que Yimou.

EL VIAJANTE

Tras la muerte de Abbas Kiarostami, uno de los grandes cineastas del nuestro tiempo, si algún nombre está llamado a ocupar su lugar, ese (cor)responde a Asghar Farhadi. Al contrario que otros compatriotas, Farhadi no trata de imitar a Abbas. Su estilo en nada se le parece. Sin embargo comparte con el autor de El sabor de las cerezas, una voz tan inconfundible como propia.

LA GRAN MURALLA

La esencia de Zhang Yimou la encarnan con frecuencia los personajes que Gong Li ha interpretado. Desde su más temprana película, Sorgo Rojo, y a lo largo de 30 años de una solvente trayectoria, abundan películas melodramáticas en donde el principal personaje, casi siempre femenino, se distingue por una obstinada perseverancia anclada en un abnegado sentido de la ética.

TRAIN TO BUSAN

Desde el primer minuto, un ¿inocuo? accidente de tráfico, este Train to Busan se comporta como un puro tren bala lanzado con el acelerador pisado a fondo en una huida de sobresaltos y vértigo. En su interior, no es nueva la metáfora de convertir un tren en una suerte de metonimia del mundo, ciudadanos corrientes se enfrentan a muertos rabiosos. Vagón tras vagón, zombies ávidos de sangre cuyos mordiscos infectan a los ciudadanos sanos, ejercen una progresión geométrica que lleva implícita la destrucción del ser humano.

BAR BAHAR

Escrita y dirigida por Maysaloun Hamoud, Bar Bahar encontró en el Zinemaldia un fértil campo de cultivo. Bien intencionada, contemporánea sin ensayos ni hermetismos, reivindica a la mujer en un territorio lastrado por un patriarcado cercenador. Bar Bahar se ve fácil y provoca simpatías. En Donostia entusiasmó a un público bien masajeado por cuestiones sociales en un año, 2016, donde todo ha girado sobre el diálogo y la convivencia.

REGRESO A CASA

El año que viene se cumplirán 30 años del estreno de Sorgo rojo. Hasta entonces, 1987, apenas se había tenido noticias del cine chino. Con Sorgo rojo el mundo descubrió a un cineasta sensible y singular llamado Zhang Yimou y a una actriz excepcional, Gong Li. Con Regreso a casa, filme preñado de coincidencias y doble sentido, asistimos a un exaltado reencuentro en el presente que se toma cumplida cuenta de los sufrimientos del pasado. Yimou y Li se alían en un relato melodramático y vibrante; un fresco histórico sobre la China del tercer tercio del siglo XX, la que arranca con la revolución cultural de Mao y periclita en el amanecer del neocapitalismo pseudocomunista.

MÁS ALLÁ DE LAS MONTAÑAS

El próximo martes, 24 de mayo de 2016, Jia Zhang-ke cumplirá 46 años. Es, sin duda, la cabeza visible del cine de la llamada sexta generación, la que sucedió al boom del cine chino vivido en los años 80 y que consagró a Zhang Yimou como su máximo referente internacional. Recordemos: Jia Zhang-ke estrenó su primer largo en 1998 y, desde entonces, sus reiteradas disecciones críticas sobre la vertiginosa transformación de China no han cesado de sorprender, a veces, incluso de estremecer.