DÉJAME SALIR

En su traducción al español, este filme de presupuesto flaco y alcance largo, ha mutado el sentido de su título. De “Sal” o cualquier otro sinónimo que implique el “consejo” imperativo de huir; se ha pasado a “Déjame salir”. Es decir, se produce un giro sustancial que va de la orden al ruego, del mando al por favor, del aviso de un observador activo a la súplica de un atrapado apesadumbrado.

GUARDIÁN Y VERDUGO

No puede ser casualidad que al mismo tiempo que el mundo asiste perplejo a brotes de xenofobia y segregación, el cine cultive relatos en torno a los excesos que el miedo al otro y el desprecio al semejante provocó durante buena parte del siglo pasado.

DIFRET

Hace 40 años, un filme oscuro y silencioso, puro blanco y negro interpretado por actores tan desconocidos que nunca más se les volvió a ver, provocó en las salas de cine un fenómeno extraño. Su argumento denunciaba una agresión sexual, un abuso de género en una sociedad primaria y rural. Alimentaba un microcosmos ubicado en un terreno inhóspito de pieles sin cronología y de personajes sin tiempo.

TIMBUKTU

La opción estética asumida por Abderrahmane Sissako, una suerte de responso sin lágrimas, un maridaje entre el horror y la inocencia, provoca extrañamiento y desemboca en respuestas extremas. Si se admite, si se participa de ese sudario lírico que retrata la furia homicida del fundamentalismo yihadista sin subrayados, sin acusaciones directas ni veredicto expreso; y se hace a través de una coreografía de belleza trémula en medio de tanta tragedia, la simpatía y la admiración hacia Timbuktu se impone.