GODZILLA: REY DE LOS MONSTRUOS

Título Original: GODZILLA KING OF THE MONSTERS Dirección: Michael Dougherty Guión: M.Dougherty, Z. Shields Intérpretes: Vera Farmiga, Kyle Chandler, Millie Bobby Brown País: EE.UU. 2019 Duración: 131 minutos

Mitos y dioses

Un error común desdeña el denominado cine mainstream por epidérmico y banal. Pretende que, por comercial y arquetípico, nada hay en él que merezca la pena. La experiencia demuestra que es en estas películas, aparentemente simples y evidentemente torpes, donde mejor se escriben las obsesiones que nos acechan. Se alimentan de material simbólico por lo que, en consecuencia, su argumento reverbera sueños, temores y creencias. A falta de una mirada de autor, esa evidencia subjetiva de un individuo que habla desde su experiencia interior, se percibe en ellas ese grito anónimo de lo que, carente de mirada propia, se nutre de los miedos y las pulsiones colectivas.

Por ejemplo, si hemos de hacer caso a los guionistas que en Hollywood alimentan estas producciones -de Los Vengadores a este Godzilla-, el mundo camina hacia una situación límite, una sangría necesaria que contempla, teme y ¿desea? el diezmo de la población mundial para que el mundo sostenga su nivel de vida. Peligrosa creencia que plantearon los responsables de la Marvel y que se repite en este Godzilla, el icono por excelencia del cine japonés. El interés del trabajo de Michael Dougherty reside en su capacidad de enrocarse a partir de la mentira. En el tiempo de las fakenews, el argumento de “Godzilla: Rey de los monstruos” avanza a partir de referir como cierto un pasado inexistente. Si el final del siglo XX abundó en distopías que acudían a las inminentes décadas del comienzo del siglo XXI, ahora esa barrera se dinamita. Godzilla, el monstruo creado por el miedo, por el horror de las bombas atómicas lanzadas sobre Japón, funde sus raices con el origen de la humanidad.

Se nos dice que Godzilla, y con él los demás monstruos que en el mundo ha habido, preexistían al ser humano y seguirán existiendo después de que nos hayamos cargado la vida humana. Convertir a Godzilla en un ángel protector, en un mito viviente, e inventar un drama familiar que exige víctimas y héroes es lo mejor de un filme de lamentables diálogos y mucho artificio. Pero, tras el ruido y la furia, hay un buen tema y múltiples detalles. Se disfruta mucho más esta película desmenuzando su argumento que viendo su resolución.

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