En los penúltimos compases de “Tres caras”, en una conversación entre la actriz protagonista y uno de esos personajes que parecen fundirse con el polvo del paisaje, a la petición de que el director de la película, que se representa a sí mismo en este filme, se ponga en contacto con un viejo actor, la actriz le señala la dificultad del encargo.

En los años 20, en el París del delirio, la libertad y la bohemia, Colette se convirtió en la novelista más leída. Autora de piezas todavía recordadas como “Gigi” y “Claudine”, esta creadora de best-sellers con especial éxito entre lectoras porque en sus obras, al reflejarse ella, se veían muchas, no lo tuvo fácil ni siempre pudo mostrarse a cara descubierta.

Gastón Duprant y Mariano Cohn conocen bien el mundo de la creación artística. Forman parte del paisaje del arte contemporáneo en Argentina. De hecho, empezaron como video-artistas para luego impulsar prósperos proyectos televisivos. Con ellos participa un tercer hombre autor de los guiones de muchos de sus proyectos, Andrés Duprant. Como se deduce del apellido, Andrés es hermano de Gastón.

Tras el título de “I hate New York” se vislumbra mucho trabajo, una militancia latente y la negación de su título. Los protagonistas que deambulan por sus recovecos aman Nueva York. Ellos son parte de Nueva York. Al menos representan ese mundo fiestero y canalla habitado por personajes extravagantes que se debaten entre la interrogación por su identidad y una irreprimible querencia por el mundo del glamour y el espectáculo.

No hay concesión hacia el público que guste del orden, buen gusto y películas que abrazan el principio aristotélico de presentación, nudo y desenlace. Aunque no lo parezca, esto último, un relato, sí acontece en “Mandy”, pero en clave de delirio. El filme de Panos Cosmatos, hijo de George P. Cosmatos, amanece a ritmo de King Crimson para cantar a un crepúsculo.

in Marcello Fonte, no cabe imaginarse “Dogman”. Este actor y director calabrés, que acaba de cumplir 39 años, lleva en la piel las señas de identidad de la tierra que le vio nacer. El polvo de la Roma milenaria dibuja sus incipientes arrugas y surcos. Y de la miseria de la Italia del arrabal, Fonte recolecta gestos, pausas y silencios con los que ennoblece a su personaje. Ha trabajado con grandes como Scorsese, Scola, Soavi y Luchetti.

El instante decisivo, ese en el que se produce la quiebra, donde algo se rompe, en el caso de Julio Medem surgió en “La pelota vasca”, una incursión documental de un cineasta que había sido capaz de ficcionar con el delirio y la extravagancia. Nadie como el Medem de “Vacas”, “La ardilla roja” y “Tierra”, para escaparse de ese costumbrismo de caspa y boina que tantas emociones levantaba en la España de los años 80.

Durante largos y sangrientos meses, Carlos Robledo Puch, un joven argentino de 20 años de edad, de rostro infantil y de comportamiento criminal, protagonizó una serie de asesinatos y robos. Los hizo como en un perverso juego, con frivolidad, sin pasión, sin el más mínimo sentimiento de culpa.